Un minuto de silencio


... Por mi balón de futbol, que después de varios años ha caido ponchado y yace ahora exánime, inerte. El aliento que lo animó durante todo este tiempo al fin lo ha abandonado y sólo ha dejado tras de sí una cámara vacía junto con la tristeza que provoca la partida de un fiel amigo que nos ha acompañado en las buenas y en las malas.

En verdad, mucho tiempo ha desde que llegó a mis manos, o mejor dicho, a mis pies; y con lapsos variables, a veces prolongados periodos de inactividad, me acompañó de un lado a otro. Juntos presenciamos dos mundiales y la temporada de ensueño, cuando los Pumas fueron bicampeones. También le tocó mudarse conmigo del nido paterno. Fue testigo mudo del largo periodo de inactividad pambolera, interrumpido esporádicamente por alguna cáscara. Sin embargo, su sola presencia me animaba a esperar tiempos mejores en los que ya habría oportunidad de correr los dos juntos. Llegó conmigo al fin de esa larga temporada en la banca y al reinicio de actividad, ahora sí, con un equipo en forma. Fue en una sesión de entrenamiento donde dejó de rodar, abatido por un medio hostil a su naturaleza esférica.

No es fácil aceptar que ya no me acompañará por prados, banquetas, canchas terrosas y cualquier otro sitio donde es posible hacer rodar un balón. Que ya no me alegrará en la soledad de mi torre xochimilca. Que ya no sentirá conmigo el pasto, el viento y el sol; los gritos, el júbilo, la carrera, el embate y el ardor. Pero al menos, llegó hasta el fin como los grandes esperan llegar: en el juego.

Pd. El primer balón que tuve fue obsequio de mi hermano. Cuando el encargado le preguntó qué tipo de caja de regalo quería, tuvo que explicarle dos veces que era regalo para una chica. "Perdón... este balón... ¿para dama dijo usted?"
Pd2. La ilustración de este post ("La futbolista") es obra del pintor duranguense Ángel Zárraga, contemporáneo de Diego Rivera. Guillermo Sheridan escribió este texto para el catálogo de una exposición del pintor.


Abril, el mes más cruel... (música nocturna)

The very thought of you makes my heart sing
Like an April breeze on the wings of spring
And you appear in all your splendor
My one and only love...


"No te vas a caer" (hablando de mis temblores personales)


Vaya que los seres humanos somos complicados, aunque sospecho que la simplicidad no es algo propio de la naturaleza humana.

Por eso no me abandona el dolor cuando una relación, otrora cercana y querida, se altera hasta tornarse distinta y lejana; extrañas las personas que compartieron cercanía y afecto. O cuando, bruscamente, debemos tomar decisiones radicales e inminentes.

Ya no voy a dudar ni entristecerme más.
No voy a pedir ni esperar nada.
A partir de ahora, las palabras, los encuentros, todo cuanto llegue de ti, será como un regalo precioso.

Y confío en el tiempo como la piedra de toque de este afecto.

La vida puede ser buena si puedo darme el lujo de experimentar. Hoy les proyecté a los chicos ¡Que viva México! de Eisenstein y les expliqué a grandes rasgos la importancia de su teoría del montaje. Creo que a la mayoría le interesó o por lo menos, procuraron aparentarlo. Además, cada vez que veo esa película me abruma la belleza y el poder de las imágenes que Eisenstein captó.

La vida puede ser buena: hoy no me faltó la comida caliente en mi mesa ni la compañía de mis colegas, con quienes compartí el pan y la sal, así como chistes bobos y simples para relajarnos después de una semana de trabajo.
Puede ser muy buena, si hasta me obsequia inesperadamente con un trozo de pastel de chocolate.

Me muevo en momentos llenos de incertidumbre sobre lo que soy para mí y para otros. Pero, a fin de cuentas, soy lo que soy.
Sólo cuento con algunas certezas a la mano:

Mañana me iré a trotar (aunque no es algo que me entusiasme particularmente).
Ordenaré y calificaré todos los exámenes pendientes.
Una canción como "My one and only love" se vuelve sublime al ser interpretada por Teresa Salgueiro .
El domingo jugaré futbol (aunque sospecho que me van a mandar a la banca por todas las inasistencias que ya he acumulado) e iré después a celebrar con gusto y alegría el cumpleaños de una amiga que la marea de la blogósfera me ha acercado en buena hora.

Y que pase lo que pase, no me voy a caer.

Y... ¿dónde te agarró el temblor?

Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero esta semana se ha alargado inmisericordemente: regreso a la rutina sin exceso de entusiasmo después de una semana de asueto que careció de actividad y de descanso; un cambio de horario que nos roba una hora al día; confrontaciones y decisiones radicales e inminentes. Tensión de más, que se traduce en un sueño pesado y excesivo sin que sirva para descansar. Este sueño a su vez, anula los efectos sonoros del despertador, lo que me ha hecho batir esta semana un record de retardos que supera a todos los que podría haber acumulado en varios meses.
Si quisiera sonar fatalista, diría que el temblor trepidatorio de 6 grados Richter de la medianoche de este jueves fue un digno remate a esta semana, inolvidable de por sí.
No era de esta forma como quería comprobar las cualidades semiacuosas del suelo xochimilca. Tampoco quería volver a escuchar, como escuché anoche, el crujido de una casa y el tintineo de todos los objetos que despiertan a una vida propia, fugaz y caótica. Ni tener que echar mano del mantra para estas ocasiones: nocorronogritonoempujo, nocorronogritonoempujo, nocorronogritonoempujo... Ni sentir nuevamente un temblor incontrolable que domina todo mi cuerpo.
Tras salir hacia el área segura a una velocidad apresuradamente prudente, caímos en la cuenta de que nadie había tomados sus llaves. ¡Voy yo!, exclamé en un arranque más cercano a la desesperación que al heroísmo. Y regresé apresuradamente al departamento. Pero una vez dentro del vientre de la ballena de cemento que se retorcía haciendo digestión con sus varillas, tuve que manotear nerviosamente hasta dar con las llaves, y en un arranque de estúpida inspiración, intenté encontrar la lámpara de pilas que guardo para los apagones. Pero ni la encontré ni pude controlarme tanto, así que rápidamente emprendí una retirada despavorida, eso sí, con las llaves de la puerta en mi poder.
Fue bonito conocer a los vecinos en piyama. Y ver a sus perros caminar tan contentos por el estacionamiento, como si fuera una especie de convivio nocturno para todos, aun con el nerviosismo general flotando por el aire. El gusto nos duró poco a los bichos y a mí, pues en menos de nada, ya había cesado todo movimiento, ya estábamos de vuelta a la inmóvil realidad y de vuelta a nuestros nuevamente inmóviles hogares.
Creo que sólo alcancé a colocar el celular, la dichosa lámpara que al fin apareció, y mis llaves, al alcance de la mano, antes de caer como piedra en la cama.
Ay ternurita, como diría mi hermana. Para lo que sirvieron tales previsiones, si no pudimos alarmarnos debidamente con el siguiente temblor, cuatro horas después, aproximadamente, que pasó de largo en lo más profundo del sueño.

Bonifaz Nuño exprés

A diez escasos minutos de volver a las clases vespertinas y venciendo el sopor del almuerzo, comparto apresuradamente este poema de Bonifaz Nuño, muy al caso, en esta tarde calurosa de jueves.

Y nuevamente abril a flor de cielo...

Y nuevamente abril a flor de cielo
abre tus manos tibias, y yo canto
el júbilo entrañable y el espanto
que en mi sangre derramas con tu anhelo.

Amo la gravidez del alma, el vuelo
por la caricia que hasta ti levanto,
y el fuego triste hallado en el quebranto
de la distancia - aborrecible velo - .

Amor: abril, tu cómplice, desvía
la ruta del temor que disminuye
y disfraza de fiesta su agonía.

Eres abril de nuevo, amor, y nada
escapa de tu ser: todo confluye
a cobrar plenitud en tu mirada.

PD. No dejen de leer este post bonifaznuñino del Tallercito Violeta. Una experiencia emotiva y directa, como debe ser, pues.

Nueva suite del insomnio

"La gente normal no mira caricaturas a las 2 de la mañana"

Y qué.

Ese tipo de personas tampoco está tecleando en la computadora a las tantas de la madrugada, como si su vida se rigiera según el horario de Japón, de Brasil o de cualquier otro lugar situado en las antípodas.

Tampoco busca como evitar irse a dormir, no por el temor al insomnio, sino por el descanso que será insuficiente.

No se pone a observar detenidamente los surcos de sus venas, tratando de adivinar si entre los glóbulos y genes también se arrastran la tristeza, impotencia, furia agazapada y desamor acumulados por padres, abuelos, y los siglos de los siglos, amén.

Le he dicho a mi hermano que la gente normal no mira caricaturas a las 2 de la mañana, así que heme aquí, intentando armar palabras, frases; un andamio. Y huyendo del sueño que al fin llegará junto con la consiguiente resaca del desvelo.

el color del tiempo no es la sombra de la experiencia

Tengo 30 y, hasta donde sé, no tengo úlceras y/o migraña, lo que me convierte en una auténtica rareza entre mis contemporáneos conocidos.

Eso sí, tengo bien marcada la línea del entrecejo, producto de mis buenos y malos ratos con el consabido rictus de concentración, frustración, fruición, etc.

Y ya comienzo a tener canas.

Tengo que decirlo, son unas canas muy lindas: brillantes y plateadas, nada de hebras grises y opacas.

Al principio eran la sensación por parte de la familia (de escasa tendencia canosa), cuanto más que mi cabello es de un tono bastante oscuro, lo que ayuda a que resalten aún más.

Pero de un tiempo para acá lo que comenzó siendo una rareza se está convirtiendo en algo frecuente.

Justo hoy ante el espejo me tenido que encarar una pregunta ineludible: ¿Cuánto tiempo?

¿En cuánto tiempo esto no será excepción sino generalidad? ¿Tendré que esperar mucho o poco?

Ahora, también tengo que anotar otro rasgo general más entre los treinteañeros conocidos: muchos también ya portan canas, quien más, quien menos, en fin, no soy la única.

Más allá de la fórmula reconfortante de estos casos que alude al mal de muchos y al consuelo de unos cuantos ingenuos, sólo tengo un reparo.

No tanto la cuestión de la vanidad (espero que el contraste entre mi tono moreno y las canas tenga efectos bastante interesantes), sino algo así como el pudor, a falta de otro término más adecuado para definir este malestar:

Poca experiencia de vida.
Madurez, no toda la que debería.

¿Cómo demonios voy a tener canas?

la Melusina

... las pálidas niñas
que sin ruido van
ven con ojos blancos
en la oscuridad...
Hugo von Hofmannsthal, Melusine (fragmento)


fue una fiesta familiar
todos reían y bailaban a nuestro alrededor

ya habíamos tomado un par de cervezas y platicamos
como si apenas el tiempo de todos los tiempos fuera a empezar tras retirar las mesas y acomodar las sillas en torno al patio

los árboles de la casa crecían cada vez más
mientras la noche se desplazaba lentamente por la pendiente de la calle

hay una tuya foto en la sala donde tu mirada se aleja
mientras se deshace de flores y lazos conmemorativos

algo te pertenece y te separa de este día y los pasados

tu gato duerme en un sillón sin importarle las bocinas que sueltan música sin piedad
los niños que corretean por el patio
las sillas que se arrastran para dar espacio a los que bailan
los gritos de quienes te llaman

afuera los focos remarcan la oscuridad sobre el patio mientras las siluetas siguen la música que nos llena los oídos

me han dado otra cerveza y después nos ponemos a girar también
con oscilación y ritmo

esa noche
felices sin tener que decirlo