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Predicciones 2010

Estas son sus predicciones para el 2010, de acuerdo con el Oráculo de la Tepocata, contenido en el milenario Libro de Augurios del Gato Negro Cojo:

Nacida en el inicio de la cuenta de años del Perro del Peso, bajo los siguientes signos: bovino bucólico (horóscopo Nostradamus),  dragón de Periférico (horóscopo Chop-Suey), xolozcuintle panzón (horóscopo Xochimilco).

Este año será de grandes cambios. Más vale que se prepare y compre suficientes boletos del metro, recuerde que van a subir de precio.

Los Pumas no ganarán el campeonato, pero lo intentarán.

Este año tampoco la nombrarán Chilanga del Año ni estará en la lista de los Cien chilangos que mueven al mundo. Siga intentando, nunca se sabe.

Evite los viajes en avión; evite a los funcionarios voladores; evite las latas de jugo con cables.

Un año propicio para incursionar en actividades que le proporcionarán satisfacción y ampliarán su círculo social: ballet acuático, observación de aves silvestres, cocina kosher y/o medicina forense podrían ser algunas opciones.

Buenas noticias: Vestirá la casaca de la selección nacional de soccer (aunque ud. sólo llega a Futbol 7) y su equipo quedará entre los diez primeros lugares de la liga. Cuidado con los balones perdidos, recuerde cómo duelen cuando dan en la cara.

Verá La Momia 2 y Piratas del Caribe 3 otras veinticinco veces más. Le seguirá gustando CSI. Probable acercamiento al cine asiático.

Este año podría escribir una obra de gran relevancia por su original y profundo contenido antididáctico. También descubrirá la existencia de una sociedad de lichamiento docente.

Panorama económico con pronóstico reservado. Mejor, ahorre.

Probablemente recibirá una herencia de una familiar muy muy lejana que le permitirá iniciar su propia colección de cajas de cerillos del mundo.

Panorama amoroso: Descubrirá que tiene grandes aptitudes para la práctica de yoga, tai chi, la jardinería hidropónica y la cocina italiana. No está de más recordar: Al cor gentil ripara sempre amore. Suena bien, al menos en teoría.

El tono coral puede ser su color de la suerte este año.

Vaya a la papelería y compre las monografías de los principales insurgentes y revolucionarios para aprendérselas de memoria. Le servirá como actividad terapéutica de meditación y relajación, y le permitirá tener tema de conversación todo el año.

Estos son los augurios para el 2010, cortesía del Gato Negro Cojo Inc., de acuerdo al Oráculo de la Tepocata. Agradecemos su preferencia y no olvide que también contamos con servicio especial de limpias on-line y acupuntura a larga distancia, estilo haitiano.

el embudo

Entre mi colección de manías, perversiones y fetichismos, tengo en especial cariño una sección a la que he bautizado de forma un tanto arbitraria "El güanna-bí del ser escritor", la cual incluye una colección de películas, libros y citas varias.
Rosa Montero tiene una teoría personal sobre el proceso de escritura, a la que ha tenido a bien llamar "la etapa del embudo": en un momento determinado, durante la redacción de una novela, la vida cotidiana comienza a volcarse sobre la historia; aunque después corrige: más que un embudo, ocurre una inundación en la que la ficción se desborda hasta comenzar a anegar lo que llamamos comúnmente "realidad" con diversas y desconcertantes coincidencias. Esto no es sino un síntoma de cómo la obra en cuestión ha crecido hasta salirse de la esfera de la imaginación hacia el mundo concreto, objetivo.

1. Supongo que cada persona que se ve envuelta en un proceso prolongado de investigación, tiende a desarrollar una relación particular con su objeto o sujeto de estudio, lo que a menudo adquiere un cariz cercano, similar o paralelo al fetichismo. En los inicios de mi propio proceso, conocí a una investigadora que compartía el mismo tema que yo, sólo que ella lo trabajaba desde la filosofía. Al platicar con ella no pude evitar sentirme desconcertada al oírla hablar una y otra vez de Pepe. Chale con la clavadez, pensé. Claro, a Pepe yo lo rebauticé como el omnipresente Vasco.

2. Supongo también que en estos procesos, como parte del fetichismo, uno adquiere sus propios amuletos. Como el ex libris del Vasco que recorté del periódico y que ha permanecido fijo todo este tiempo en el tablero de corcho que cuelga sobre el mueble de la computadora.

3. Al igual que los amuletos, también se puede desarrollar la necesidad o el gusto por los ritos.
Cuando vi el anuncio de la exhibición de su escritorio, y más aún, al ver la foto del mueble en cuestión sobre el que aparecían algunos ejemplares de los libros que me había dedicado a revisar y analizar, me dije que no podía tratarse de una coincidencia, al encontrarme en la fase final de redacción del trabajo. En cuanto pude, me dirigí a contemplar el dichoso escritorio. Sólo fui a eso. Y aprovechando un momento de soledad en la sala, aproveché para tocarlo, sólo una vez (sí, curadores y personal de El Estanquillo, yo fui quien dejó la huella de sus cinco dedotes). Y para hacerle saber al Vasco "Mira, ya está terminado esto, al fin".

Ser o no ser

Leido en una página astrológica:

"COMO LLEVARSE BIEN CON UN TAURO : Al tratar con Tauro es recomendable que comparta comida con ellos y no se les oponga abiertamente."

A lo que yo añadiría:

"Sobre todo, evite hacerle hincapié reiteradamente en lo terco, más que terco, acomodaticio, tacaño, posesivo y fácilmente irritable que es alguien de su signo."

Me pone de malas leer tanta patraña, si no soy tan terca.
¿Entendieron?

NO SOY TERCA
NO SOY TERCA
NO SOY TERCA
NO SOY TERCA
NO SOY TERCA
NO SOY TERCA
NO SOY TERCA
NO SOY TERCA


Meme: Mis caricaturas favoritas

Uno de los lugares comunes de las pláticas entre los miembros de nuestra generación son las series de dibujos animados, tanto las que vimos en nuestra infancia como las que vemos actualmente.

Aceptémoslo: los dibujos animados son parte de nuestro bagaje cultural, han conformado nuestra visión del mundo, forman parte de lo que somos ahora. Hay recuerdos íntimos, vivencias compartidas y momentos decisivos ligados a un episodio, un personaje, una historia que a lo mejor sólo es inteligible para unos cuantos, lo cual convierte las caricaturas no en una trivialidad nostálgica sino en una clave de reconocimiento, santo y seña entre quienes compartimos cierta visión en un momento y lugar determinado de nuestra infancia y/o adolescencia.

Menciono a continuación mis cinco series favoritas:

1) Remy. Gracias por traumarme con la muerte de Corazón Alegre. Toda mi generación recuerda este momento digno del melodrama mexicano más puro.

2) Don Gato. Una de las caricaturas que recuerdo con cariño. Cada vez que vuelvo a ver esos capítulos, me gusta más el personaje de don Gato por subversivo e ingenioso. Y Benito Bodoque era la neta, como de que no.

3) Los Picapiedra. La forma de vida de estos personajes era genial, con todos los implementos de la época prehistórica que les permitían vivir con un confort envidiable. Particularmente es una caricatura muy entrañable pues reunía a toda mi familia para verla (y me refiero a toda la familia: padres, tíos y abuelos).


4) Guerreras Mágicas. Creo que es la mejor serie de fantasía que he visto en mi opinión personal: la historia, los personajes, la música... Lo siento, soy incapaz de objetividad alguna respecto a este tema. Punto.


5) Guardianes de la Galaxia. Seguramente nadie se acuerda de esta serie: En una galaxia y un futuro muy muy lejanos, hay un grupo de alguaciles espaciales que viajan de un punto a otro del universo a velocidad-luz desfaciendo entuertos y remediando injusticias. Muy original, ¿verdad? Pero a mi me gustaba muchísimo. Si un día encuentro esta serie entre los puestos de Eje Central la adquiriré incluso antes que los Expedientes X, antes que Bones y antes que CSI... he dicho.

Bueno, pues ahora me toca pasarles la papa caliente a
Tania, La Celia, Sonojacker, Janik, Trompetista, Señor Chiquito, Rax y Galufi.

El siguiente meme se arma de la siguiente forma: Mencionen sus cinco series de dibujos animados favoritas de la infancia y/o adolescencia.
(Ojo: se trata de series, no de películas. Y no se vale mencionar las series animadas para adultos, que eso merecerá un post más adelante).
Y si alguien se quiere unir, adelante. No dejen de compartir sus memorias animadas.

mis cinco tentaciones+pilón (meme)

Pues que la Celia me manda un nuevo meme.
Y yo que soy tan obediente lo respondo.
El tema: mis cinco tentaciones.


1) Johny Deep sobrevive hasta a sus malas películas. Yo sí me iba a una isla desierta con este marino.





2) Kaká. Este hombre es hermoso. Así de simple. ¿Creen que me gusta el futbol sólo por mero espíritu deportivo?

A continuación, mi selección de CSI.
Aunque la mejor de las tres series es Las Vegas, la verdad es que los chicos más guapos están en otras ciudades.


3) Para empezar, Flack, de CSI Nueva York. Tiene una pinta de W.A.S.P. que no puede con ella... pero qué quieren, a veces se me sale lo Cortés.





4) Delko, el morenazo de Miami, siempre sale con demasiada ropa, a mi parecer.

5) Y el puesto de honor. ¿Para quién más?
Este hombre está más allá del bien y del mal. No importa cuantos años pasen, siempre me alborota las hormonas lo mismo.

Fuera de lista:

6.1) Mi amor platónico de la facultad. Con todo y sus años, me derrito sólo de oírlo hablar con su acento peninsular/cubano. Como ven, mezclar es bueno. Ay, Fede...

6.2) El chico anglosajón de la campaña publicitaria de cierto brandy cuyo lema era precisamente ése: mezclar es bueno. Su gran sonrisa de cartel me alegró diariamente el trayecto al trabajo una buena temporada.

6.3) Mi vecino misterioso con un aire levemente perverso. Aún no decido si el french poodle que saca a pasear acentúa esa perversidad o la aumenta. Un día de estos lo comprobaré por mí misma.

Bueno, ahora le paso el meme a quien guste apuntarse. No dejen de hacerme partícipe de sus preferencias.

Y basta ya

Este video me encanta. Casi tanto como la versión original de la canción.



Miguel Bosé: de lo poco que rescato del veliz que cargo de la adolescencia. Es atemporal y sobrepasa hasta a sus propios homenajes.
Bebí y sigo bebiendo de su poética.
¿Veremos a su sobrina como la heredera indirecta?
Una cosa es cierta: homenajes aparte, sin importar cuántos años pasen... qué bueno está ese hombre.
Señoras y señores, la grupi que vive en mí, ha dicho.

Lecturas infantiles (frikis)

Siempre experimento una sensación confusa cuando me reencuentro con alguna de mis lecturas de la infancia.
Hay que ver que el bagaje de dichas lecturas, vista desde hoy, resulta de lo más heterogéneo.

Estaban, por un lado, los libros "infantiles": los cuentos populares rusos que venían desde un lugar lejano, conocido entonces como URSS, y de los cuales ya he hablado en otras ocasiones. Alicia en el país de las maravillas, cuyas ilustraciones me parecían escalofriantes, aunque las canciones que se encontraban intercaladas a lo largo del libro tenían mucha onda, o al menos, así me lo parecía (mi favorita era la de la sopa, hasta le puse melodía y la cantaba con todo entusiasmo, a la menor provocación). La Oruga me parecía el personaje más genial de todo el libro; mi madre tuvo que agradecerle que me despertara el gusto por los champiñones.

Estaban los libros que no eran infantiles, pero a los cuales mi padre me acercó, haciendo caso omiso de las etiquetas sobre lecturas "adecuadas" para niños. Uno de mis recuerdos más preciados: tengo cinco o seis años y leo en voz alta, a petición de mi padre, algunos pasajes de dos libros: el relato de la creación, en el Génesis del Antiguo Testamento, y El viejo y el mar, de Hemingway. Voy lenta, pero segura.

Y por último, estaban las lecturas que yo hallé en la biblioteca familiar (eufemismo para nombrar los libros que mi padre depositó en unos tablones de madera a lo largo de un estrecho pasillo, junto con las docenas de revistas de mi madre). Hallazgos desconcertantes pero infinitamente fascinantes, como el volumen deshojado de la enciclopedia, del que también ya hablé. O los volúmenes de la National Geographic sobre tribus nómadas, a punto de desaparecer (según afirmaba en sus páginas).

Pero sin duda, uno de los librines que fascinó durante bastante tiempo mi imaginación y la sobrepobló de imágenes y escalofríos, fue una recopilación editada por Duda (¿alguien se acuerda de esas revistas impresas en papel revolución que abordaban temás más o menos esotéricos como la combustión espontánea o el rapto de ovnis? Un antecedente de los Expedientes X, pues).

En dicho volumen se mostraban casos de hechos "no explicados" y desconcertantes: ejércitos enteros que desparecían envueltos en una nube, sustancias gelatinosas que caían del cielo sin decir "agua va"; huellas misteriosas de entes jamás vistos, visitantes del espacio exterior... en fin.

Hoy, pasando por un puesto callejero de libros me reencontré con dicha obra; sobra decir que la compré inmediatamente y comencé a releer fascinada, rememorando los casos que me habían parecido más fascinantes o terroríficos, según se vea, pues, aunque parezca vergonzoso, hay dos o tres que me siguen dando cuscús (aaay, mamacheeeeeta).

Comparto con ustedes uno que me pareció conmovedor. Se trata de las disposiciones instauradas en Bélgica respecto a los visitantes extraterrestres. Algo así como un Manual de Carreño del Tercer Tipo.

En noviembre de 1954, se instauró el "Comité de recibimiento del primer marciano" que publicó un reglamento de 14 páginas con indicaciones del siguiente tipo:

"Trátese al primer marciano con dulzura y amenidad. Quítese el sombrero y procure inclinarse ante él. Llévelo a su casa, ofrézcale comida, pero antes mándelo examinar por un médico para saber si su estómago es semejante al nuestro."

En Estados Unidos no se quedan atrás. De acuerdo a las leyes de Gulfport, Missouri, las cuales datan de 1958, hay una legislación específica para aliens:
"Se ruega a los marcianos depositar sus armas en la delegación de policía, desde su llegada".
"Ningún aparato desconocido quedará autorizado para aterrizar o estacionarse dentro de los límites de la ciudad de Gulfport."

¿Cómo quieren que no me haya entusiasmado con los Expedientes X?

Con razón dicen que infancia es destino.

Pd1. Respecto al fenómeno Duda, este artículo sobre Charles Fort, considerado el autor de los estudios que darían pie a libros como El retorno de los brujos o a la revista en cuestión, seguramente les interesará.


Pd2. El libro al que me he referido en este post es: Testimonios de lo insólito. Relación de sucesos increíbles, publicado en 1972 por la editorial Posada. La recopilación del material aparece atribuida a Tomás Doreste, y entre los miembros del consejo editorial encontramos a Eduardo Lizalde:


Debe el amor vencer,
vencerlo todo.
La muerte y la cursilería.
Todo lo vence, compañeros,
vence a la muerte, ciudadanos,
porque es la muerte él mismo.

La prima Cuquis y yo

Últimamente he caido en cuenta de la forma como mi imaginación en ocasiones se desboca de forma incontrolable al momento de hacerme el retrato mental de alguna persona que no tengo el gusto de conocer en vivo y a todo color.

Me pasó con la Trompetista, a quien envuelta en una colorida cauda bufandosa, conocí un buen día de diciembre, propicio particularmente para charlar y degustar un café copilqueño.

Me pasó con Carlitos, quien no sólo no resultó ser un distraído investigador altote, fornido, ataviado con traje de pana café oscuro, provisto de espejuelos y tupida barba, sino que hasta amiga ausente compartimos.

Y no es que me resulte decepcionante, por el contrario, me fascina y, por momentos, llega a desconcertarme que tan lejos se me van las cabras cuando les doy rienda suelta.

De un tiempo para acá me apoyo en cierto personaje hipotético para ilustrar mis explicaciones en clase. Se trata de la prima Cuquis.

Imagínense que deben pronunciar un discurso en la fiesta de Quince Años de la prima Cuquis (risas).

O bien:
Si van a ir al museo para tal o cual exposición, organícense y planeen la visita con tiempo. No olviden llevar tortas y refrescos; pónganse de acuerdo si deciden ir con su novio/a, amigos/as o con la prima Cuquis (más risas).

¿Cómo me imagino a la prima Cuquis?

  • Una chica llenita, más bien baja de estatura, muy morena, provista de un buen humor a prueba de bombas y energía arrolladora.
  • Su vestido de quinceañera fue color rosaextrarrosa; después del vals se aventó una coreografía reggetoneada con sus chambelanes, cuidadosamente reclutados entre los conocidos de la secu y la cuadra. Eso sí, no ha habido pachanga de quince años más divertida que ésa; todos los invitados se amanecieron bailando.
  • Es la prima que siempre quieres que vaya a tus reuniones. Monta las coreografías y se avienta a bailar con todos sin hacerles feo.
  • Y, claro, siempre organiza las mejores fiestas.
Definitivamente, espero conocerla algún día.
Con un poco de suerte quizá hasta me invite a una de sus pachangas.

No puedo dormir

Y no es porque no tenga sueño, sino todo lo contrario.

Siempre he demostrado mayor pericia cuando se trata de pasar noches en vela que cuando debo iniciar una jornada a primera hora.

No duermo; intento retrasar todo lo posible el momento de ir a dormir, lo cual no es más que una evasión tonta ante el cansancio y el sueño del que despertaré aún más cansada. Es una resistencia inútil contra lo inevitable: debo madrugar demasiado temprano.

Pero mientras, me evado en mi propio desvelo y sueño con los caminos que se inundan en la luz del sol por la mañana.

Noctámbulos crónicos y madrugadores anónimos... uníos.

bienvenido, junio

Comenzamos junio... Vaya comienzo.

Qué tal una gripe psicosomática que me noqueó todo el fin de semana. Sólo recuerdo un par de momentos de media vigilia en que abandoné mi posición horizontal y mi función de fuente calorífera para mis gatos, que dormitaron junto conmigo esos días.

Lo peor de una gripe psicosomática es que sólo se acaba cuando se quiere acabar. Antibióticos, jarabes, pastillas, remedios caseros... todo carece efectividad sobre el término de este mal. Sumemos a esto el hecho de que yo misma perdí toda la fe en los beneficios de cualquier antibiótico a muy temprana edad, merced a cierto episodio de mi infancia relacionado con una intoxicación sabor a naranja. Soy una atea de la aspirina y sé de buena fuente que Bayer me quiere ver arder en una pira por hereje.

Además, nos han prometido días como hornos, lo cual no es una buena noticia viviendo en una ciudad como ésta, ni en estos momentos en que siento el cuerpo de yeso y la cabeza de agua.

He dormido poco y mal.
Siento la garganta como si hubiera tragado un par de litros de mertiolate.
... Y mi tesis sigue creciendo página tras página.
... Y los desencuentros.

Ah, qué previsible soy.
Ah, esta gripe.

Sólo se acaba cuando se quiere acabar.

Confesiones de lectura

A la Melusina, siempre a la Melusina

(A pocos minutos de interrumpir el estado de vigilia y abandonarme a un sueño oscuro, denso y liberador después de una semana muy larga.)

Soy una ex lectora precoz. Mis amiguitos se desesperaban cuando iba a sus casas porque en lugar de unirme al juego, me iba a revisar los libros que poseían.
Me gustan los libros que hacen reir, pero creo que a mis compañeritos de salón, el hecho de que alguien pudiera reirse a causa de la lectura de un libro, era poco menos que desconcertante... grotesco, mejor dicho.
Sospecho que mis papás habían hecho confidencialmente una apuesta sobre mi debilidad visual: ésta aumentaría a causa de las caricaturas que literalmente consumía o a causa de mi empeño por leer incluso cuando ya me habían apagado la luz del dormitorio e insistía en continuar leyendo con el débil resplandor que se colaba de la cocina.
Cuando me enfrenté al acervo de las bibliotecas escolares y a falta de mejor opinión o referencia para elaborar algún plan de lectura opté por el sentido común: seguí el orden alfabético.
A de literatura alemana: Canciones y poemas de Bertolt Brecht; Sidharta, de Herman Hesse; Casa sin amo, de Heinrich Böll... y así.
Acostumbraba marcar cada nuevo libro que adquiría en la última página con la fecha en que lo había adquirido.
También llevé una serie de bitácoras: una, donde anotaba las lecturas hechas, incluyendo datos como la fecha en que había concluido cada una, así como otros datos técnicos cuando me parecían relevantes, como el nombre del traductor, la serie, el ilustrador, etc.
Otra bitacora me servía para anotar citas. Y una más para transcribir poemas.
Hay personas que se curan sus males mediante el consumismo. Confieso ser una de ellas, pero si otros se sirven de la ropa, zapatos, electrodomésticos o fauna en peligro de extinción como paliativos para sus males, en mi caso ese consuelo se haya en la búsqueda de nuevos títulos para olvidarme (al menos de momento) del mal humor, la tristeza y la frustración.

Aunque disfruto indeciblemente del tacto de las tapas nuevas, el olor del papel y el sonido de la envoltura de celofán al ser rasgada, mis favoritos siguen siendo los libros viejitos, porque contienen en sí las huellas de otros lectores y otras lecturas.

Una última confesión sobre mis hábitos y rituales de lectura.

Cada año celebro mi cumpleaños con una relectura parsimoniosa de "Las nieves del Kilimanjaro" de Hemingway.

Y... ¿dónde te agarró el temblor?

Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero esta semana se ha alargado inmisericordemente: regreso a la rutina sin exceso de entusiasmo después de una semana de asueto que careció de actividad y de descanso; un cambio de horario que nos roba una hora al día; confrontaciones y decisiones radicales e inminentes. Tensión de más, que se traduce en un sueño pesado y excesivo sin que sirva para descansar. Este sueño a su vez, anula los efectos sonoros del despertador, lo que me ha hecho batir esta semana un record de retardos que supera a todos los que podría haber acumulado en varios meses.
Si quisiera sonar fatalista, diría que el temblor trepidatorio de 6 grados Richter de la medianoche de este jueves fue un digno remate a esta semana, inolvidable de por sí.
No era de esta forma como quería comprobar las cualidades semiacuosas del suelo xochimilca. Tampoco quería volver a escuchar, como escuché anoche, el crujido de una casa y el tintineo de todos los objetos que despiertan a una vida propia, fugaz y caótica. Ni tener que echar mano del mantra para estas ocasiones: nocorronogritonoempujo, nocorronogritonoempujo, nocorronogritonoempujo... Ni sentir nuevamente un temblor incontrolable que domina todo mi cuerpo.
Tras salir hacia el área segura a una velocidad apresuradamente prudente, caímos en la cuenta de que nadie había tomados sus llaves. ¡Voy yo!, exclamé en un arranque más cercano a la desesperación que al heroísmo. Y regresé apresuradamente al departamento. Pero una vez dentro del vientre de la ballena de cemento que se retorcía haciendo digestión con sus varillas, tuve que manotear nerviosamente hasta dar con las llaves, y en un arranque de estúpida inspiración, intenté encontrar la lámpara de pilas que guardo para los apagones. Pero ni la encontré ni pude controlarme tanto, así que rápidamente emprendí una retirada despavorida, eso sí, con las llaves de la puerta en mi poder.
Fue bonito conocer a los vecinos en piyama. Y ver a sus perros caminar tan contentos por el estacionamiento, como si fuera una especie de convivio nocturno para todos, aun con el nerviosismo general flotando por el aire. El gusto nos duró poco a los bichos y a mí, pues en menos de nada, ya había cesado todo movimiento, ya estábamos de vuelta a la inmóvil realidad y de vuelta a nuestros nuevamente inmóviles hogares.
Creo que sólo alcancé a colocar el celular, la dichosa lámpara que al fin apareció, y mis llaves, al alcance de la mano, antes de caer como piedra en la cama.
Ay ternurita, como diría mi hermana. Para lo que sirvieron tales previsiones, si no pudimos alarmarnos debidamente con el siguiente temblor, cuatro horas después, aproximadamente, que pasó de largo en lo más profundo del sueño.

Nueva suite del insomnio

"La gente normal no mira caricaturas a las 2 de la mañana"

Y qué.

Ese tipo de personas tampoco está tecleando en la computadora a las tantas de la madrugada, como si su vida se rigiera según el horario de Japón, de Brasil o de cualquier otro lugar situado en las antípodas.

Tampoco busca como evitar irse a dormir, no por el temor al insomnio, sino por el descanso que será insuficiente.

No se pone a observar detenidamente los surcos de sus venas, tratando de adivinar si entre los glóbulos y genes también se arrastran la tristeza, impotencia, furia agazapada y desamor acumulados por padres, abuelos, y los siglos de los siglos, amén.

Le he dicho a mi hermano que la gente normal no mira caricaturas a las 2 de la mañana, así que heme aquí, intentando armar palabras, frases; un andamio. Y huyendo del sueño que al fin llegará junto con la consiguiente resaca del desvelo.

el color del tiempo no es la sombra de la experiencia

Tengo 30 y, hasta donde sé, no tengo úlceras y/o migraña, lo que me convierte en una auténtica rareza entre mis contemporáneos conocidos.

Eso sí, tengo bien marcada la línea del entrecejo, producto de mis buenos y malos ratos con el consabido rictus de concentración, frustración, fruición, etc.

Y ya comienzo a tener canas.

Tengo que decirlo, son unas canas muy lindas: brillantes y plateadas, nada de hebras grises y opacas.

Al principio eran la sensación por parte de la familia (de escasa tendencia canosa), cuanto más que mi cabello es de un tono bastante oscuro, lo que ayuda a que resalten aún más.

Pero de un tiempo para acá lo que comenzó siendo una rareza se está convirtiendo en algo frecuente.

Justo hoy ante el espejo me tenido que encarar una pregunta ineludible: ¿Cuánto tiempo?

¿En cuánto tiempo esto no será excepción sino generalidad? ¿Tendré que esperar mucho o poco?

Ahora, también tengo que anotar otro rasgo general más entre los treinteañeros conocidos: muchos también ya portan canas, quien más, quien menos, en fin, no soy la única.

Más allá de la fórmula reconfortante de estos casos que alude al mal de muchos y al consuelo de unos cuantos ingenuos, sólo tengo un reparo.

No tanto la cuestión de la vanidad (espero que el contraste entre mi tono moreno y las canas tenga efectos bastante interesantes), sino algo así como el pudor, a falta de otro término más adecuado para definir este malestar:

Poca experiencia de vida.
Madurez, no toda la que debería.

¿Cómo demonios voy a tener canas?

Olor a gas...

Soy bastante obsesiva. Obsesiva hasta llegar a lo tragicómico; tanto como para auto denominar mi manía como "Síndrome del vampiro" ¿Por qué? Según refieren los tratados vampirológicos, una de las mejores tretas para escapar de un feroz y artero ataque vampírico es desparramar una bolsa llena de semillas ante dicho ser. El Nosferatu en cuestión no sólo interrumpirá su persecución, sino que se detendrá a contar todas y cada una de las semillas tiradas, pues es incapaz de seguir correteando a ser ninguno antes de concluir dicha labor. Hay que dar fe al testimonio de quien escapó para contar la ingeniosa artimaña o al menos, para darle sustento y base lógica al origen del Conde Contar de Plaza Sésamo.

Pues bien, mi "Síndrome del vampiro" tiene que ver con los desastres domésticos y mi incapacidad para hacer y/o pensar nada hasta cerciorarme personalmente de que no hay tales.

Célebre en los anales familiares es la anécdota de aquella vez que la señora Mamá nos sacó a mis hermanitos y a mí del cine porque no se acordaba de haber cerrado la llave del agua del baño antes de emprender la expedición cinéfila. Y pasó todo: ni había dejado abierta la llave, ni había provocado el resurgimiento del medio lacustre, al menos en la colonia Roma.

Y más de uno concluirá sensatamente: Es mejor prevenir que lamentar. Pues sí, pero no a costa de la tranquilidad propia o ajena. Particularmente, la propia. El recuerdo de los Aristogatos, la llave de agua y la inundación casera que no fue, me ha perseguido todo este tiempo. Y si la sangre llama, las manías, también.

Estando ya alejada de mi hogar, inmersa en otros pensamientos de pronto se prende la alarma: ¿apagué, cerré, inserté? Y debo regresar tan cerca o tan lejos como esté para poder verificar si efectivamente, he apagado, encerrado, colocado y asegurado todo lo que deba ser apagado, colocado, etc.

Para tranquilizar a más de uno, debo decir que nunca he llegado al extremo de llegar a apagar algún incendio o solicitar el auxilio de la guardia costera. Sólo me queda exhalar un buen suspiro de alivio mientras ahogo una minúscula voz que me recrimina la pérdida de tiempo y esfuerzo. Pero al final coincidimos: es mejor estar seguros.

Por eso, nada como cierto fin de semana, uno de los más largos de mi vida, cuando nadé entre la zozobra y la incertidumbre de haber apagado la estufa antes de marcharme. Como suele ocurrirme, la idea me vino de improviso, y me cayó como balde de agua fría. Pero en primer lugar, ya me encontraba demasiado lejos como para poder regresar a verificar, según la costumbre; en segundo lugar, intenté tranquilizarme pensando en falsas alarmas anteriores.

Mejor haber regresado antes de pasarme un par de dias como los que pasé, imaginádome cuadros apocalípticos de departamentos estallando en medio del fuego; estadísticas de incendios domésticos; víctimas de quemaduras en todos los grados. No sé si ese fin de semana organizaron una convención de bomberos, el caso fue que a toda hora oía las sirenas ululando, con el consiguiente golpe al estómago y el pensamiento: "Que no se vayan hacia donde vivo..."

Para no hacer más largo el cuento, apenas pude, me lancé rauda y veloz de vuelta a verificar con mis propios ojos los estragos de mi piromanía involuntaria, e imaginándome ya en la ingrata labor de remover escombros, intentado rescatar uno o dos restos calcinados y humeantes de mis pertenencias; emprendiendo una audaz fuga del país antes de que se me señalara como la autora intelectual y material de los bombazos del año pasado, el fraude electoral del '88 y del '06, la crisis financiera del '94, el divorcio de Jennifer Anniston y Brad Pitt, la derrota del América, el compló para que Babel sólo se ganara un Óscar, y el incendio de un departamento.

Bueno, lo único que puedo contarles a manera de conclusión es que sigo tecleando desde un departamento que no presenta signos de incendio, inundación, temblor, tsunami, etc. Y que me encuentro averiguando precios de botiquines y extinguidores.

Si alguien me puede orientar al respecto, quedaré muy agradecida.

Ciertas cosas que no se saben de mi. (Post egofílico)

No me gustan las visitas inesperadas. Avisen aunque sea desde el teléfono de la esquina, pero ¡avisen!

Sólo me puedo dormir escuchando música. Cosas tranquilas y a un volumen casi inaudible. Una manía que no molesta a nadie más, pero manía al fin.

Los payasos me dan horror (sí, los que van por ahí con maquillaje).

Algunas personas sienten debilidad por los zapatos, otras por los autos, otras por los discos. En mi caso, me chiflan las calcetas de colores y los artículos de papelería (libretas, gomas, plumas, etc.)

Entre mis vocaciones infantiles, la de mayor importancia fue la veterinaria, hasta que me enteré que los veterinarios también debían "dormir" a los animales, cosa que no pensaba hacer, lo cual me hizo renunciar a una prometedora carrera aun antes de estudiarla.

Era conocida por contar montones de chistes. Y todos malos.

Suite del insomnio: Brecht

"Es muy sencillo descubrir fragmentos de verdad, e incluso verdades enteras. El que busca necesita un método, pero se puede encontrar sin método, e incluso sin objeto que buscar. Sin embargo, ciertos procedimientos pueden dificultar la explicación de la verdad: los que la lean serán incapaces de transformar esa verdad en acción. Los escritores que se contentan con acumular pequeños hechos no sirven para hacer manejables las cosas de este mundo."

Bertolt Brecht,
Las cinco dificultades para decir la verdad (fragmento)
Epígrafe para una jornada infructuosa de redacción tesística.

2006 (un recuento subjetivo)

(De forma total y absolutamente aleatoria y anárquica, sin orden cronológico, sólo subjetivo.)



- Mundial Alemania 2006: La copa más gris jamás publicitada, salvo por el cabezazo de Zidane en su último partido. Gesto que salva del olvido la mediocridad futbolística internacional y, de golpe, hace recordar al orbe los orígenes arrabaleros del noble juego de dar patadas.


- La inauguración de la Megabiblioteca Vasconcelos: sin libros, sin infraestructura sin impearmibilizante. Sin megalectores.

- García Lorca hubiera deseado vivir para cantar el vuelo del toro Pajarito aquella tarde de enero en la Plaza México. Por algo Agustín Lara se refirió a la moderna tauromaquia como la fiesta más bella, si un toro puede elevarse al grado de lo sublime antes de caer sobre los privilegiados ocupantes de la barrera de sombra, ¡Olé!

- Los nombres de la infamia: Pasta de Conchos/ Lázaro Cárdenas, Michoacán/Atenco/ Oaxaca/ San Lázaro/ Líbano.

- Los presentes (actuales más que nunca): Juárez, Mozart.

- Los que siempre vivirán: el cronista Ángel Fernández, que elevó los nombres y hechos del futbol a dimensiones heróicas y épicas. El crítico y guionista Tomás Pérez Turrent, una de las voces más lúcidas e irónicas en el cine mexicano de la segunda mitad del siglo XX. Parte de una pléyade de voces legendarias, James Brown.

- Michelle Bachelet, presidenta hispanoamericana.

- La muerte del asesino confronta a sus detractores y seguidores en Chile. Comienza, en palabras de Ariel Dorfman, la batalla por el alma de este país.

- El día que amanecimos mal dormidos, con la novedad de que teníamos tres presidentes: uno en funciones, que nunca funcionó y dos proclamando ser los funcionales.


- Unas elecciones turbias con resultados aun más turbios.

- El bodrio Da Vinci: Mucho ruido y pocas nueces o "Por qué esta es la era del ateísmo funcional".

- El laberinto del fauno: Hermoso cuento de hadas para adultos o "Del Toro se supera a sí mismo".

- Perdón, entre las cien mejores universidades del mundo ¿en qué lugar dice que está el Tecnológico de Monterrey? Ah, y por mera curiosidad ¿a cuántos premios Nobel, Cervantes y Príncipe de Asturias ha formado esta institución?

- El plantón en el Paseo de la Reforma como nudo gordiano sólo es la punta del iceberg. El país ha quedado dividido y confrontado después de un proceso electoral que no convenció a nadie.

- La aprobación de la Ley para las sociedades de convivencia en el DF.

- ¿Qué tenían en común los egipcios y aztecas? Las filas kilométricas de asistentes a la exposición de arte egipcio antiguo en el Museo de Antropología parecen desmentir la apatía de chicos y grandes por todo lo que huela a historia.

- El evangelio de Judas parece que reavivó los demonios del Vaticano.

- Los náufragos de San Blas dejan chiquito a Tom Hanks al llegar a Australia, vía Nayarit.

- La diosa Tlacahtecuhtli, deidad de la tierra, reaparece en la nueva Tenochtitlán:

Esta diosa lloraba algunas veces por la
noche, deseando comer corazones de hombres
y no se quería callar, en tanto que
no se le daban, ni quería dar fruto si no
era regada con sangre de hombre.

- El jacuzzi como derecho constitucional. (jejeje)

Breve anti-necrología para Tomás Pérez Turrent


Estos días parecen estar llenos de acontecimientos:
que si ahora las funciones de lucha libre estarán bajo la advocación de San Lázaro; que si en México hay hermanos incómodos cómo no va a haber en otros lares, como en Chile, nietos incómodos, de la misma forma como ahí mismo puede haber un equipo incómodo de futbol (si perder un campeonato como local ante la misma presidenta de tu localidad no es más que incómodo, entonces que alguien sugiera una definición más apropiada para la situación).

Que si Fox dejó escuela entre los diputados panistas y cuando uno de éstos tiene arrebatos de sinceridad sobre la educación pública desde su perspectiva de la educación privada (porque todo parece indicar que él es el privado de cualquier tipo de educación) vaya que nos ofrece momentos memorables. (¿¿En serio la UNAM aprueba con 5?? ¡He vivido bajo el cruel engaño de mis maestros de matemáticas, química, civismo y macramé! ¡Calificaciones espurias!¡Exijo un recuento!)

Entre esta avalancha noticiosa, hay eventos que aparentemente no son tan relevantes, pero no por ello pasan desapercibidos ni mucho menos, pierden importancia. Particularmente, cuando se trata del fallecimiento de una persona dedicada en cuerpo y alma al arte, así como a su análisis y enseñanza.

Tomás Pérez Turrent fue un hombre de cine. Trabajó ante la cámara y detrás de ella. Fue guionista de varias de las películas más memorables de una época bastante olvidable del cine mexicano (en la década de los 70's: Canoa, Las poquianchis, El complot mongol y Mina, viento de libertad; en los 80's: Alsino y el cóndor, Las inocentes y la singular obra sobre el juego prehispánico de pelota Ulama, el juego de la vida y la muerte).

También fue maestro de uno de los pocos centros de enseñanza cinematográfica en México. Y finalmente, escribió cada domingo una columna de crítica cinematográfica en el diario El Universal.

Esta columna fue mi primera vía de inducción al vicio cinéfilo y el principal catalizador de mis desviaciones visuales. Particularmente, todas aquellas películas que Pérez Turrent destrozaba con su tremenda ironía, eran las que más me atraían y las que deseaba ir a ver... para confirmar si de verdad eran tan malas.

Este es mi recuerdo y una breve anti-necrología, pues no constata la muerte sino la presencia viva de un hombre de cine,
Tomás Pérez Turrent.

Por qué no tengo televisión


Desde que abandoné el nido paterno, busqué llevar mi recién independizada existencia hacia los cauces de la austeridad y la vida simple, cual novicia zen. Con tal motivo, me di a la tarea de meditar y meditar; tomar mucho té verde y sopitas maruchan de camarón; además de prescindir de las cosas superfluas para mi igualmente austero presupuesto personal. Entre estas cosas se encuentra la tele.

No tengo tele.

Y eso no quiere decir que no me guste verla. La cosa es que me gusta bastante saber que puedo sobrevivir sin su presencia. (Internet, radio y cafetera son cosas aparte.)

Pero a veces, cuando la h. unanimidad comenta algún suceso televisado, la realidad parece fragmentarse y retorcerse para los parias como yo, incapaces de vislumbrarla claramente.

Haciendo un gran esfuerzo y poniendo a prueba mis devaluadas capacidades de análisis, deducción, inducción y abstraccion, llegué a las siguientes conclusiones, después de lo acontecido esta semana en la Cámara de Disputados:

-Estrenamos nueva consigna histórica: Remember San Lazarouu.

- Los diputados dan pena: no saben agarrarse a golpes decentemente (ni suficientemente). Sus técnicas pugilísticas carentes de toda efectividad y gracia hacen parecer a las riñas de chavitas de secundaria como heroicos duelos entre samurais.

- Las diputadas dan miedo, harto miedo. Recen por no cruzarse jamás en el camino de una de estas damas embargadas de patrio furor, dispuestas a sacrificar a latazos a cualquier masiosare y a todo extraño enemigo que ose profanar con su planta la máxima tribuna de la nación. Al respecto, les recomiendo este post gonzalopolitano. Gran post, gran blog.

- En estos momentos, La Perra Brava, La Monumental y anexas, deben estar buscando desesperadamente a los principales animadores de los zafarranchos para pedir su democrática asesoría y sabio consejo en futuras acciones encaminadas a cumplir cabalmente con los fines que animan tan honorables instituciones.

- El Canal del Congreso dejará de ser uno de los remedios más eficaces contra el insomnio de miles de televidentes y entrará por fin a televisión abierta en horario estelar para iniciar transmisiones de su propio reality show.

- No hay ingobernabilidad, violencia o desempleo en México. No hay nada más que la noticia del fallecimiento del señor "Aún hay más".

Efectivamente... aún hay más.

Pd. Vaya que andábamos sintonizando la misma frecuencia, ¿verdad Janik? Les recomiendo una vuelta por el post mediático de este blog paradigmático.

Bloggeri videns nos erimus.