Cuando me pierdas...

... No olvides velarme cuando me pierdas,
rememorar mis días, los dones de mi carácter,
y, cuando me echen a faltar,
conmueve, por Dios, cada vez que me recuerdes
a todo mozo valiente, despabilado.
Quizá mi cuerpo, en su sepultura, escuche algo
de la letanía del salmodio o del tañido del músico.
Al ser recordado tras la muerte, tendré descanso:
no me lo neguéis pensando que no es solaz de difuntos.
Yo pongo mi esperanza en Dios por tiempos pasados
y los pecados cometidos: Él conoce mis verdades.



"La muerte me alcanza" (fragmento)
Ibn Shuhayd (992-1035 d.C.)




Monólogo de Orfeo

...sin volver atrás
sólo avanzo 
ni frente ni vuelta, sólo camino.
Ser camino. 

Saber que mi búsqueda es triunfo y fracaso por igual.
Que para llegar a un lugar que no existe primero hay que extraviarse.
Que sólo después de extraviarnos somos capaces de encontrar la ruta verdadera.
O aceptar que fuimos encontrados por ella.

Pensar en la luz invisible que me guía
amor
soy y no soy
para mí
eres
aun cuando no estés
somos... 
aún cuando ya no soy

Recorro el abismo
y pienso que al final
sólo hay luz y aire

Que he sido Orfeo
para preservar lo que no puedo ver
avanzando 
resistiendo el ansia de volver la vista atrás

Sigo y me obligo a ver hacia adelante
en busca de la salida
para esta oscuridad que me envuelve

Soy Orfeo en busca del amor, el calor y la vida  
que avanza a tropezones
hacia un punto distante 

Para no ser la mujer de Lot 
que mantuvo su mirada
presa de lo que dejó atrás

Para seguir...


Si se puede más...

Si se puede más, yo quiero más. 
Aún más...


Pero también, pido la merced de dirigir mis pasos a donde no esperaba ir, más allá de donde esperaba llegar
Que en la obra de mis manos, de mis palabras y en mis ideas me sea dado rebasar lo necesario.
Bendice los libros, las películas, la música, las tertulias ociosas, que son germen maravilla
Porque tuya es la gloria y tuyo el ocio, culminación verdadera de toda creación. 
Y llévame hacia quien no me espera y hacia quien no espero.
Pues sabes como nadie, que al final, todos nos reencontraremos y nos reconoceremos en el mismo rostro.

Amen.
... Y que me sea concedida la merced
de estar con quien deba estar
haciendo lo que deba hacer
en el lugar que sea mi lugar.





Sólo eso pido y nada más.

la tribu del tigre

Gata Sibilina

Nos conocimos por la glorieta de Quevedo. Por tanto, suponemos que es de origen coyoacanense. Ya se sabe: yoga, Saramago y atún en agua. La vimos solitaria e inmóvil a mitad de la calle, a mitad del parpadeo que cambia la luz del semáforo de roja en verde. Podría haberse quedado allí porque le pareció un buen sitio para contemplar el desfile de luces que iban de aquí para allá a velocidad vertiginosa. Tal vez se quedó inmovil pensando en el siguiente paso, aturdida por el movimiento y ruido sin sentido que la rodeaba.

Nuestros gritos la hicieron reaccionar antes de que la avalancha de peseros y carros desbocados la sepultara. Corrió hacia nosotros y se metió en un estacionamiento de donde dejó que la sacara y la metiera en mi bolsa, que a partir de esa ocasión sería oficialmente su transportador. En otras palabras, ella me adoptó.

Es una gourmet, por lo que prefiere los buenos quesos en trocitos pequeños.

Es ojiazul. Azul aristócrata de salones vieneses como los que conocieron Schielle, Strauss y Musil.

Cuando me mira soy una ventana; si cualquier día comenzara a hablarme, no me sorprendería en lo absoluto.

Tiene un dedo amarillo. Espero poder leer algún día el libro que le ha dedicado: "Mi dedo amarillo y yo".

Mati

Vivía en una comuna de gatos okupas que se dedicaban a hacerse trencitas y rastas, a tocar y bailar al son del tambor, y asolearse, básicamente.

Siempre tiene ganas de platicar en la noche, después de una larga jornada. Es la mejor descubridora de escondites inaccesibles y confortables para tener las mejores siestas. Ama con locura las palomitas de maíz (pero con moderación).

A veces su mirada es gris, a veces, verde, pero sus pupilas abarcan la totalidad que nosotros, pobres humanos, intentamos percibir imperfectamente.

Es una niña brava. Cuando lo ha considerado necesario saca garras y chispas hasta dejar claro a gatos, perros y otros gandallas quién es la que maúlla.

Ahora la Sibilina y Mati me acompañan y yo estoy feliz de que ambas me cuiden, así como espero poder cuidarlas bien a ellas y procurar que se sientan contentas.

Christopher Smart (1722-1771), poeta inglés, dedicó un poema muy hermoso a su gato, por eso me gustaría compartirlo con ustedes.


Pues he de alabar a mi gato Jeffrey.
Pues es un sirviente del Creador, a quien sirve diaria y                        debidamente.
Pues con el primer rayo de la gloria de Dios en el Este lo adora al estilo gatuno.
Pues lo adora doblándose sobre sí mismo siete veces con rápida elegancia.
Pues salta para adueñarse del almizcle, que es la
         bendición con que Dios responde a su plegaria.
Pues rueda de alegría para absorberlo.
Pues habiendo cumplido con su deber y recibido la bendición divina empieza 
         a pensar en sí mismo.
 [...]
Pues cuando termina su ronda diurna empieza
         su verdadera tarea.
Pues vigila al adversario del Señor en la noche.
Pues confunde los poderes de la oscuridad con su piel eléctrica y sus ojos cegadores.
Pues confunde al Diablo, que es muerte, al saltar
         nervioso de vida en vida.
Pues al amanecer ama al sol y el sol le ama.
Pues pertenece a la tribu del Tigre.
Pues si el Gato es el Querubín el Tigre es el Ángel.
Pues tiene la sutileza y el bufido de la serpiente, que por bondad suprime.
Pues no causará destrucción si se le alimenta bien, ni escupirá sin ser provocado.
Pues ronronea agradecido cuando Dios le dice que es un buen Gato.
Pues instruye a los niños en la benevolencia.
Pues toda casa está incompleta sin él, y el espíritu no se siente del todo            bendecido.
Pues al huir de Egipto los hijos de Israel, el Señor habló de gatos con Moisés.
Pues cada familia se llevó al menos uno consigo.
[...]
Pues nada hay más dulce que la paz de su sueño.
Pues nada hay más ágil que su vida en movimiento.
Pues es pobre y bienaventurado a ojos del Señor... mas ¡pobre, pobre Jeffrey!, la rata te ha mordido la garganta.
Pues bendigo el nombre del Señor al ver que Jeffrey mejora.
Pues el Espíritu Santo llega hasta su cuerpo y lo
         sostiene y lo completa.
Pues su lengua es tan pura que tiene de pureza lo que no tiene de música.
Pues es dócil y puede aprender ciertas cosas.
Pues puede sentarse gravemente, lo que muestra
         paciencia en la aprobación.
Pues puede traer y llevar objetos, lo que muestra
         paciencia en el trabajo.
Pues puede saltar sobre un palo, lo que prueba sin lugar a dudas su paciencia.
Pues puede tumbarse si se le ordena.
Pues puede saltar de lo más alto al regazo de su dueño.
Pues puede atrapar un corcho y echarlo a rodar de nuevo.
Pues es odiado por el hipócrita y el avaro.
Pues éste teme ser descubierto.
Pues aquél niega los cargos.
[...]
Pues al acariciarlo he descubierto la electricidad.
Pues percibo en él la luz de Dios, la cera y el fuego.
Pues el fuego eléctrico es la sustancia espiritual que Dios envía desde el         
         cielo para sustentar los cuerpos de los hombres y las bestias.
Pues Dios lo ha bendecido al darle tantos movimientos.
Pues, aunque no puede volar, es un escalador consumado.
Pues domina más movimientos que cualquier otro cuadrúpedo sobre la tierra.
Pues puede seguir todos los compases musicales.
Pues puede nadar para salvar su vida.
Pues puede arrastrarse.

Christopher Smart . Fragmento del poema "Jubilate Agno" (ca. 1760). Traducción de Jordi Doce, "Un gato llamado Jeffrey", en El Malpensante.com, donde se puede leer más sobre Christopher Smart, su vida y obra poética.

en el tiempo de los chilahuates

El chilahuate nace cada tiempo, después de la cosecha.
Manjar campesino, es ofrenda de la milpa y bendición de la siembra.

Si comes chilahuate
sabrás cuál es el sabor del tiempo
el tiempo y la vida de la milpa.

Mi corazón, nacido de la tierra,
también es chilahuate.

Humeante y cálido
lo puse entre tus manos
maduro, en sazón.
 
Vuelve a ser tiempo de chilahuates
y ahora tengo tu ausencia entre mis manos.

fe de erratas

Hace un año, poco más o menos revisé una obra y al mismo tiempo terminé una relación.

Acaban de enseñarme el libro en el que se convirtió la obra que revisé. Siempre me gusta ver cómo la obra que conocí como un bonche de hojas impresas con un montón de notas, banderines y papelitos se ordena y... ¡tarán! Después de pasar por muchas manos y ojos, aparece un libro con páginas resplandecientes, oliendo como sólo huelen los libros nuevos, tan limpiecito que uno ni se atreve a tocarlo para no maltratarlo. Siento una satisfacción muy profunda al pensar que hay un granito de mí en ese libro, aun cuando, en la mayoría de las veces, sólo yo sé que tuve parte en ello.

Pero este libro tiene una historia diferente. Fue un libro que leí sin poder evitar dejarle lágrimas entre las páginas, y no fue precisamente porque se tratara de un novelón marca Corin Tellado. Una lectura tan emotiva tiene muchas consecuencias, y ninguna de ellas positiva: la lectura se alargó demasiado y yo me retrasé excesivamente; mi revisión fue inconsistente, con muchas fallas. Finalmente, mi labor comenzó a ser lo contrario de lo que hasta entonces había sido, una actividad agradable e interesante, en vista de que no podía concentrarme en el texto y más pronto que tarde era incapaz de seguir leyendo para darle rienda suelta a la plañidera que vive en mí.

Sigo tropezando en este camino, pero ya tengo más calma. Al menos, ya me siento más capaz de concentrarme en lo que tengo ante mí, en lo que está presente y permanece.

Confieso que a lo largo de estos años he leído libros que están tan bien escritos que cuando termino de leerlos me siento triste, pues hubiera querido que el placer de leerlos se prolongara un poco más. Y he leído otros que me hacen sentir como si me hubieran encadenado del cuello a una piedra de molino para llevarla arrastrando. Ahora bien, los gustos y disgustos personales son punto y aparte; el libro no me tiene por qué gustar, puesto que no escribo reseñas ni soy la novia o mamá de los autores... y creo que ni así tendría esa obligación.

Esta labor, tal como la entiendo, es ser lo más objetiva para darle la lectura adecuada al texto, de tal forma que ésta quede bien pulida, a fin de que su lectura sea lo más clara y, por qué no, lo más grata posible. Esto también implica, desde mi punto de vista, ayudar al autor para que se luzca y para que su texto sea apreciado. Lo cual, de ninguna forma quiere decir que para corregir es necesario reescribir el texto. Hay una gran diferencia entre corregir y ayudar. Y en ese sentido, mi labor es muy parecida a la de un sastre: si la compostura está bien hecha ni siquiera se debería notar.

Ahora que he visto este libro y lo he revisado, siempre con alegría, como se recibe a un recién nacido, lo siento como algo más que un libro; lo veo... lo siento como materialización de una etapa y de una crisis.

Es un libro que esperaba con muchas ansias, pues, con todo y lágrimas, fue una lectura muy interesante y me permitió aprender mucho del tema que aborda. Sin embargo, las decisiones posteriores de edición lo modificaron.

Un libro pasa por un proceso muy complicado desde su estado germinal como manuscrito o archivo electrónico, hasta su materialización final. En tal proceso intervienen muchas personas de habilidades muy diversas y, de igual forma, muchos criterios que deben resolver diferentes problemas, lo que en ocasiones resulta más difícil que negociar el protocolo de Kyoto. Así pues, que aviente la primera piedra el que esté libre de toda errata.

Veo y releo nuevamente el libro. Hay algo de mí en él, que es invisible y mudo, pero está presente y vivo. Creo que el formato lo hace poco manejable y las columnas podrían dificultar la lectura. No pudieron incluir unas fotografías sensacionales, supongo que por cuestión de derechos de autor; una verdadera lástima. Pero sé que es un libro muy bonito, en muchos sentidos. Es una lectura apasionante de la que he hablado mucho a mis conocidos, que he recomendado mucho y que disfruté mucho. Tuve la suerte de leer esa obra, por eso la conozco íntimamente. Y deseo de corazón que muchas otras personas tengan oportunidad de leerla y les agrade también.


Pd. El término crisis, en griego, significa "cambio". Y por cierto, hay otras palabras muy interesantes que también me gustan mucho: ecdisis y metanoia, por ejemplo.

Pd2. Por razones obvias, no daré el nombre de la obra en cuestión, pero lo que sí puedo hacer es poner el soundtrack oficial ;)


memorial del palacio

A la lectora más inteligente que conozco y mi héroa personal.



¿Recuerdas? Tú lo habías leído antes que nadie. Cuando podía ser confundido como simple exotismo en la página cultural o una muestra colorida de la globalización del underground intelectual. En otra persona lo habría creído mera pose pero tú siempre has sido la lectora más inteligente que conozco. Siempre adelante de críticos, maestros, compañeros, amigos, colegas, adivinos, amantes, gurús y profetas; antes de las reseñas consagratorias en las publicaciones del oficio y naturalmente, en una dimensión diferente del resto del mundo. Por eso me divertía tanto rematar, a veces, la narración de tus andanzas y confrontaciones con la palabra iconoclasta, como santo y seña de tu destino y vocación.

Y siendo esa lectora sagaz, no podías dejar de darte cuenta del valor de lo que estabas leyendo, aunque fuera un escritor portugués del que no se sabía nada y cuyo nombre no decía nada a casi nadie.

¿Recuerdas? El evangelio según Jesucristo en una modesta edición Seix Barral. Sin tapa dura, apenas con una humilde cubierta sin plastificar; tamaño rústico, papel rústico también. La ilustración que habían escogido para esa edición era  una pintura, la huida de la Sagrada Familia a lomo de burrito. Creo que el libro te salió casi regalado, pues no era precisamente un best-seller y de seguro la librería necesitaban deshacerse de la mercancía de saldo para atiborrar sus anaqueles con las últimas novedades editoriales.

Gracias al intercambio de lecturas que manteníamos de común acuerdo, me lo hiciste conocer. Fue una de tus recomendaciones. Confié ciegamente en tu instinto de lectura y lo sigo haciendo; siempre aciertas. Lo leí lentamente a ratos, como repensando y reflexionando las palabras. A ratos leí febrilmente pero deseando que faltara aún mucho para llegar al final de la novela. Después de leerlo sentí un escaldamiento interior que duró mucho tiempo. 

El siguiente semestre, esta vez dentro de las lecturas "académicamente obligatorias" conseguí Ensayo sobre la ceguera. Ya estaba publicado por Alfaguara, había perdido el encanto de la edición rústica que pasa casi inadvertida, pero su cubierta,una escena de Brueghel el Viejo, me gustó mucho: los ciegos que conducen a otros ciegos. Nuevo escaldamiento y mayor.

Y, ¿puedes recordar cuando vino el mismo Saramago a hablar en nuestro auditorio? Cuando era nuestro, de todos. Recordarás que hubo una fila maratónica para la conferencia. Pero las puertas del buen Che Justo no se cerraron para nadie y entró quien quiso, hasta donde fue posible atiborrar un auditorio acostumbrado a ser atiborrado. Cuánta algarabía cuando apareció y cuánto silencio atento para no perder cada una de sus palabras, que se deslizaban tenues, mecidas en el aire por la cadencia del singular portuñol de Saramago.

Recuerda qué distinta fue la siguiente vez que lo vimos. Las actividades estaban suspendidas por la huelga y si bien, la situación estaba patas arriba, nuestra comunidad universitaria estaba confrontada y se preparaba el linchamiento, había suficiente tiempo libre para averiguar que Saramago estaría en el Palacio de Bellas Artes.

 Vaya sorpresa cuando llegamos a primera hora para solicitar los boletos que supuestamente se repartirían gratuitamente, pues ya se habían agotado, lo cual era absurdo, pues la capacidad del lugar era considerable, aun cuando los mejores lugares ya habían sido apartados y repartidos entre los ejecutivos de la editorial y los miembros de la universidad privada que fungían como sponsors del flamante Nobel en estas tierras. Pero mira por dónde, una huelga puede tener repercusiones indirectas, impensadas. Ni tardos ni perezosos, los inconformes que nos encontrábamos reunidos en el mezzanine de Bellas Artes comenzamos a protestar, a protestar y a protestar exigiendo boletos:  "¡Si Saramago viniera, con nosotros estuviera!".

Creo que era lo último que esperaban los burócratas que estaban a cargo. Se nombró una comisión entre quienes estábamos ahí para dialogar con los encargados de repartir los boletos y entregarles una carta con las firmas de quienes protestábamos. Finalmente no hubo necesidad de repartir tales boletos, pues nos dieron la entrada a todos. Como colofón, quienes estuvimos en el mitote le enviamos un regalo a Saramago el día que se presentó en Bellas Artes: un gran ramo de claveles rojos junto con una tarjeta con las firmas de cada uno de los mitoteros.

Ahora queda mucho tiempo para hablar y hablar. Para escuchar cómo lo ponen en un altar y como siguen queriendo quemarlo todos los que logró irritar por sus palabras, sus actos, sus creencias o la falta de éstas; por lo que él representaba. El Vaticano, los sionistas de la corriente ultra, los ultra reaccionarios a quienes el color rojo les produce salpullido, los que se sienten ideológicamente defraudados... Reconozcámoslo, en lo referente a sus enemigos y perseguidores, Saramago fue democrático e incluyente a más no poder.

Pero ahora también muchos se preguntan cómo un escritor en estos días puede ser querido y respetado por tanta gente. Yo sólo puedo hablar de lo que vi esas dos veces que tuve oportunidad de ver y escuchar en persona a Saramago, ¿recuerdas? La diversidad de sus lectores y el entusiasmo común a todos, el cual era más que suficiente como para aguantar pacientemente la espera de horas, el calor de un local a reventar, las inclemencias de la intemperie y demás. Recuerda también su actitud humilde, sus palabras compartidas generosamente para todos los que lo  escuchaban. Lo demás, la médula de la cuestión, se encuentra entre las páginas de sus libros esperando a quien desee respuesta.

  Como dije, ahora nos quedamos con el tiempo. Por eso ¿recuerdas? prefiero leer.