De la comida corrida y la maruchan

Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero tiempo ha que no pruebo una maruchan. La principal razón fue que sacaron del mercado el sabor de camarón al mojo de ajo, que era el que me arrancaba suspiros y por el que clamaba mi corazón (y mis tripas).

Las demás razones que siguen a esta primerísima, la verdad no tienen mayor trascendencia. Esto no quiere decir que de vez en cuando no recaiga. Pero desde la publicación de cierto reporte relacionado con las propiedades cancerígenas de este manjar, mi entusiasmo se ha ido menguando cada vez más.

Hay quien piensa que la vida debe ser simple como un fideo. Para qué complicarse las cosas. En lugar de intensidades y la clavadez en la textura, me quedo con lo simple y sencillo, digamos, la comida corrida en lugar de los platillos gourmets. Punto.

Pero, ¿saben qué? Hasta para la comida corrida hace falta una posición. Por que si estás eligiendo lo simple, que es lo necesario y nada más, estarás descartando todo lo que está de más, el adorno, lo de encima, que no contiene la verdadera sustancia.

La comida corrida, sea el menú de tu casa o el de la fonda de la esquina, implica una posición respecto a lo que piensas que va a servir para alimentarte, a lo necesario para saciar tu hambre y satisfacerte. En algún caso hay sólo dos sopas y dos guisados; en otros casos, el lujo de la elección está descartado; en algunos casos te tocará postre y en otros no.

Y he podido constatar que hay quien esto no le parece suficientemente satisfactorio. Así que, después de revisar rápidamente los peroles y ollas en la cocina que llevan toda el medio día borboteando el guiso, más el esfuerzo de por medio para prepararlo (al menos una buena parte de la mañana), mejor se va a la tienda de la esquina a comprar una maruchan. Fácil y rápido, ¿ése era el eslogan?

Pues no, hasta lo simple requiere de mucho trabajo. Llegar a lo simple para descartar lo innecesario puede tener también su grado de dificultad, por lo que no es raro que a menudo se desista y/o se trastoquen los términos y los fines.

Una cosa es lo simple. Otra, muy distinta, lo fácil.

10 GLOSAS:

José Serralde dijo...

Yo sí que aplico el chauvinismo y la militancia contra esos "manjares ilusorios". Es cierto que los muuuuuy aterradores datos (según Greenpeace) no me ayudaron a dejar de soñar en esos pequeños camaroncitos sin rostro, hijos de la peor pesadilla genética, emanando de un vaso de unicel.

Y todo porque no queremos molestar nuestra de por sí mermada salud capitalina, lograda a base de dieta de transgénicos, plomo, heces y demás condimentos exquisitos.

Obviamente, con complejo de culpa acudo de pronto a una de esas sopas en caso extremo... extremísimo (mi record por ahora: 2 años sin probar una).

bandala dijo...

Pues mire usted. Yo aún recuerdo unas no tan lejanas épocas en las que mi raquítico presupuesto y malas ideas dietéticas me empujaban a aplacar mi hambre con caldo de camaroncitos mutantes y unicel. Pero como decía nuestra querida Erubí: mil veces mejor llevarse desde la casa un recipiente de modesta sopa de fideos, esa sí, llena de nutrimentos y amor.
Saludos!

Anónimo dijo...

...please where can I buy a unicorn?

bandala dijo...

You can't buy a unicorn. Unicorns are free.

Anónimo dijo...

...please where can I buy a unicorn?

bandala dijo...

Unicorns are free...

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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