Había una vez un cineclub o "¡Ay qué tiempos, don Simón!"

A Erubí, delfín eterno.
A la sal cineclubera de este mundo, dispersa, imperceptible para muchos.



Sí, una vez estuve en un cineclub.

Durante casi cuatro años me dediqué a proyectar, programar, debatir, dirigir debates, diseñar carteles, pegarlos, investigar, cargar latas de cintas de 16 mm., peregrinar a la Filmoteca de la UNAM, y a otros archivos fílmicos, así como demás menesteres propios de un cineclubero regular.

En aquellos años me dedicaba a gravitar en el limbo existencial y nada parecía que pudiera sacarme del marasmo de la depresión y de un cúmulo de materias reprobadas, recursadas y omitidas en el que me había sumido, junto con mi creciente intolerancia hacia el 99.9 % de los individuos con los que debía convivir a diario en la siempre H. facultad de Cafetería y Letras, sentimiento que, sospecho, era recíproco.

Pues bien, de buenas a primeras un buen día ya andaba yo en la Vacacional de Música como agregada cultural cinéfila, en mi condición de miembro del comando cinéfilo de la susodicha escuela, famoso entre todos los comandos cinéfilos de la UNAM por:

a. Ser el único cineclub que no cobraba la entrada.

b. Estar compuesto, según voz popular, por una sola persona; ser legendario, capaz de proyectar, presentar la peli y armar el debate. Él solito.

c. La presencia de este ser mítico no se había podido comprobar y tenían el estatus de leyenda urbana puesto que jamás se aparecía en las juntas a las que concurrían los cinecluberos en los cuarteles generales de la Filmoteca.

d. También se rumoraba que dicho ser era eterno y jamás envejecía ni dormía ni comía. Como Drácula.

Por eso cuando me dejé caer a la primera junta de cineclubes como delegada oficial del cineclub más coyoacanense de todos, puesto que Prepa 6 no figuraba (-Ándale, vé a la junta a ver qué quieren. -¡¿P..p...pero cómo voy a ir?!! ¡Si no conozco a nadie y nadie me conoce! ¿Y si digo algo que no? ¿Y si me ven feo? - ¡Pus por eso vas! Diviértete y haz muchos amiguitos. Y de paso, pídeles unos boletos para la Muestra, ¿no?) los demás pensaron que dicho ser ya había comenzado a reproducirse.

Por otro lado, mi condición de agregada cultural planteaba muchas dudas y malentendidos. Una vez mi querida Musidora, en aquel entonces integrante del cineclub de Polacas, me preguntó con toda la buena fe al encontrarnos afuera del Ché Guevara después de una función de la Muestra de Cine (Ah, qué tiempos..., etc.) "¿Te gusta mucho venir a Filos, verdad?" Y yo sólo pude responder ante las carcajadas de la demás banda y el desconcierto de aquella: "Pues sí, aunque mis maestros no son de la misma opinión." O bien, la pregunta que siempre siempre me hacían los chavos de la Escuela que aterrizaban en las funciones: "-¿Y tú qué tocas? -Esto... la puerta".

Ahora bien, vuelvo a ver a la distancia aquellos años y veo que mucho del tiempo que supuestamente "perdí" en una actividad que jamás me redituó un peso o una nota académica me ha dado frutos al por mayor no sólo en lo personal. Fue una buena preparación, como un ensayo, para los menesteres que posteriormente debí realizar, como dar clases, armar una ponencia, hacer labor de investigación, manejar bomberazos, controlar neurosis propias y ajenas, etcétera.

Es triste confesarlo, pero la verdad es que ya no tengo tanto tiempo como quisiera para poder ver las películas necesarias. Sí, necesarias como comer o respirar. Como le dije una vez a mi padre quien me reclamaba por aquellas épocas que me la pasara supuestamente metida en el cine todo el santo día: Ojalá pudiera hacerlo.

Hasta hoy mantengo contacto con varios de aquellos cinecluberos con los que se armaron varios proyectos, como proyecciones conjuntas, festivales e incluso, congresos. Sé que muchos nos dedicamos a actividades alejadas del medio cinematográfico, aunque varios sí se encaminaron por ahí; sin embargo, no considero eso como algo que lamentar. La mayoría de nosotros no pensó en entrar a un cineclub para encontrar ahí un medio de vida, sino por el mero placer de sumarse a la experiencia. Y creo que en ese sentido, nosotros los que ya no estamos en activo, continuamos siendo fieles a ese espíritu cineclubero, si es que existe tal cosa.

Después de todo, como dije, lo que me dio el cineclub, entre aprendizajes, experiencias, úlceras gástricas y demás, fue de lo mejor:
  • Los numerosos y gratos recuerdos fílmicos, junto con los más que buenos amigos/as con los que no he perdido contacto.
  • Aprender a montar una cinta de 16 mm. en proyectores semiautomáticos y manuales último modelo (de la Guerra Fría).
  • Aprender a darle primeros auxilios a una cinta rota para seguir proyectando... sin caer en un ataque de histeria.
  • Aprender que mejor amigo no es sinónimo de novio... auch.
  • Una bobina metálica para películas de 16 mm. y un contenedor para películas ídem a prueba de bombas atómicas.

Cuando me preguntan si extraño todo eso, yo sólo puedo responder: Sí y no.

(Continuará...)

4 GLOSAS:

Janik dijo...

cuando cuentas esa historia me haces imaginarme en lugares y con gente que me parece eterea, en ese entonces y ono te conocía y con mi corta imaginación no logro alcanzar como eras que hacías. te imagino con el proyecto agarrado con los dos brazos y siempre los jeans y tenis.

chilangelina dijo...

Pues esa sal cineclubera es a la que yo debo gran parte de lo que soy.
Mi cultura cinefila, mi cultura general y mi manera de ver al mundo se formaron en los cineclubes del CCU, del CUC, de Filosofia y Letras y por supuesto, en el heroico cineclub de la UAM-X.
Es gracias a gente como tu que yo soy quien soy. Se oye supercursi, ya lo se, pero ps asi es.

bandala dijo...

JANIK: Vaya que tienes una imaginación bastante elástica: me hiciste una descripción muy pero muy fiel de aquellos tiempos, sobre todo en lo que se refiere al proyector y el atuendo. Abrazotes.
CHILANGELINA: Qué padre saber que también andabas rolando por los cineclubes de CU, aunque no tuve oportunidad de conocer a los colegas de la UAM. Muchos saludos!

bandala dijo...

Pd. Y gracias, aunque el mérito sea en realidad de mucha gente que estuvo mucho antes que yo y la que sigue animando la actividad cineclubera. Si hubo una sola entre todas las películas que proyectamos durante todos esos años que pudo haber tocado y alterado a una sola persona, con eso es suficiente para sentir que tuvo sentido.
Gracias, abrazos y saludos.