Este 19 no se olvida (II)

Y a partir de ese momento, la irrealidad también se instaló en nuestra vida. Uso esta palabra con cierta reserva, no con ironía. Como si tus amigos te cuentan, entre todas las leyendas urbanas y rumores (el niño sin cabeza que se aparece en los baños de la escuela; la viejita que vive en la casa de la esquina y cocina bebés para sus gatos; el robachicos, la maldad oculta de los pitufos, etcétera) que ya no hay metro por que está totalmente volteado de las vías; que hay familias enteras enterradas bajo los edificios pues no tuvieron tiempo de salir; que hay montañas de cadáveres siendo enterrados a toda prisa en la fosa común; que el presidente decidió rechazar toda ayuda del extranjero; que los soldados resguardan las ruinas pero alejan a quienes intentan rescatar a los que están atrapados en los edificios.

Que hubo quien se salvó por haber llegado unos minutos tarde al trabajo o la escuela, del que sólo quedaban ruinas. Que hay gente que de buenas a primeras se pone a dirigir el tránsito pues no hay un solo semáforo funcionando; que la gente literalmente saca con sus manos y con cubetas los escombros tratando de encontrar algún sobreviviente; que hay personas que simplemente se meten entre las piedras y salen con bebés aún vivos semanas después de haber estado enterrados bajo los escombros; que nuestra ciudad en realidad era una trampa mortal, cuyos edificios aparecían ahora con todas las entrañas de fuera, inclinados de forma grotesca, como un pastel mal hecho al que le hubieran puesto demasiado merengue.

Esas fotografías que ahora aparecen, sólo muestran edificios vacíos, con las paredes retorcidas como el cartón mojado de una caja de zapatos... ¿Pero alguien recuerda el paisaje devastado de nuestra alma en esos días? Un paisaje mudo, en medio de la guerra del polvo, los escombros y las varillas retorcidas.

Y las noches... las noches más espantosas que alguien pueda imaginarse; porque era nadar en la zozobra, esperando el siguiente temblor, tal vez el final. La gente salía con linternas, envuelta en cobijas, para pernoctar en la calle o en los parques o en los camellones. Los campamentos de quienes perdieron absolutamente todo también se volvieron parte de vida cotidiana, como si el desastre y sus huellas pudieran llegar a ser parte de la normalidad. Pero si alguien lo duda, es que no ha vivido aquí.

Después de la réplica en la noche, tras dejar atrás definitivamente una calma aparente, fuimos a reunirnos con mi abuela. Sin embargo, una distancia tan corta de 20 minutos, se volvió una travesía infinita, pues no hubo forma de encontrar un solo vehículo de transporte público (algún ejemplar de la extinta Ruta 100, color chocolate y vainilla; un taxi, naranja como refresco de ídem; el metro, de boleto rosa como helado de fresa y asientos muy azules). Y aquí viene la parte que muchos esperaban: la aparición de la siempre H. sociedad civil (levantémonos a aplaudir de pie), que en este caso apareció bajo la forma de un vochito cuyo dueño le daba aventón a todo el que encontraba en su camino.

Como dije, el dolor por alguna razón que ignoro o aún no puedo identificar, cada aniversario, cada imagen, cada conmemoración, no hace más que aumentar. Cosa curiosa, entre esta tristeza también hay otras emociones: los relatos que hablan de la cobardía y mezquindad de unos frente al valor y generosidad de otros; los horrores y los milagros. Los muertos y los vivos. Los que nos tocó ser más bien testigos en ese entonces para poder hablar ahora y no dejar que se olvide. (¿Sería exagerado afirmar que este ha sido el peor desastre en la historia de la ciudad desde la entrada de Cortés y sus tropas? Para guardar las debidas proporciones, sé que nadie discutiría si lo ponemos como el peor desastre de su historia moderna) También a este desastre debemos descubrimientos: que vivimos en una ciudad vulnerable donde los más vulnerables son los que menos tienen; también que ésta puede ser insospechadamente fuerte, aunque esta fortaleza a veces prefiere permanecer oculta; y basta, esto ya parece spot ajeno a fines electorales. Sólo mencionaré mis descubrimientos personales sobre nuevas palabras que comenzaron a aparecer en nuestro vocabulario: solidaridad (la cual no tardó en volverse marca registrada), sociedad civil, grupos civiles. Y finalmente, impotencia.

Colofón 1: Es de noche y mi tío ha venido a buscarnos a mi madre, mis hermanos y a mí. Las líneas telefónicas siguen ausentes, como la electricidad y en general, toda forma de comunicación, así que nuestra familia en provincia, como el resto del mundo, tendrá que enterarse hasta días después que la ciudad de México no está completamente destruida (“La capital azteca ha desaparecido”), la Roma y el Centro no son un hoyo y que, por tanto, nosotros no estamos completamente muertos o enterrados. Ha pasado la réplica y ya hay mucha gente en la calle lista para dormir en la acera o en un parque; una nueva forma de campismo urbano que contará con numerosos seguidores. Aún recuerdo cómo la loza del piso se abría y cerraba bajo mis pies. Vuelve a temblar. Volteo despavorida, lista para correr y huir pero veo que nadie más lo hace. La razón es simple: soy yo y sólo yo la que está temblando, inconsciente, incontrolable.

Colofón 2: Van un par de direcciones con fotos, para los que sienten la necesidad.

ALBUM (Sismo del 19 de Septiembre de 1985) Fuente: "Terremoto de Mexico'85"
Publicación de la Münchener Rückversicherungs-Gesellschaft
http://www.ssn.unam.mx/SSN/Doc/Sismo85/Fotos/f1.htm

Organización Panamericana de la Salud. Desastres y asistencia humanitaria
http://www.paho.org/Spanish/ped/Mexico.htm

Un blog sobre el tema con comentarios muy interesantes, vale la pena leerlos.
http://trikinhuelas.com/archivos/2005/09/18/terremoto-de-mexico-de-1985/

Colofón 3 (si aún siguen leyendo y ya llegaron hasta este punto, para que no se depriman): Uno de nuestros chistes favoritos de esa época. ¿En qué se parecía el centro a una Rosca de Reyes?... Se los dejo de tarea.

3 GLOSAS:

Janik dijo...

en que hay que encontrar a niño escondido???

bandala dijo...

Nop...
En que no tienen centro y hay un montón de niños enterrados, jejeje.
(Uno de los chistes favoritos de la época... claro, hay que ver que sentido de humor teníamos en ese momento).

Jose dijo...

¡Formidable bandala!
Excelente escabullida a ese montón de recuerdos... gracias. Muchísimas gracias y felicidades... este blog es ya de mis favoritos.