"¿CUÁNTOS MUERTOS VALE ULISES?" (M.A. Granados Chapa)
pretendieron tu suelo entregar
tu opusiste más bien que las armas
la entereza de tu alma sin par.
HIMNO A JUÁREZ. (fragmento)
Letra: Mario Brena Torres.
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*Estas palabras pueden ser alteradas y sustituidas al libre gusto de vd. por la opción que considere más idónea, de acuerdo a sus gustos o disgustos; convicciones, creencias o la falta absoluta de todas ellas:
... p&%$ corrupto
... traidor disoluto
... líder espurio
ad infinitum.
El reloj del conejo y la estrategia de la tortuga

M. Ende
Las promesas...
el frescor del primer trago de la cerveza deshaciéndose por mi garganta y pecho
la belleza desconocida del rostro de toda mujer cuando se desnuda
el deseo en otros ojos que me ven
volver a entrar en la boca de Dios
un beso
el reflejo del té verde
el color de los ojos de mi abuela difunta
las manos de mi madre
las palabras de mi padre
sus fotos de juventud
el rosario de confidencias compartidas
las tardes del viernes
inicio de cursos
final de cursos y víspera de vacaciones
libros desconocidos
la próxima vez que patearé un balón
caminata en silencio por la niebla
la luz de la mañana penetrando por la ventana de la cocina mientras desayuno
una tregua en las tormentas
mi gata y mi perra
canciones hermosas cuyo nombre nunca sabré
los rayos de sol sobre un muro blanco y el cielo limpio después de la lluvia
el frío protector de las noches de diciembre
la música que me conduce hacia el sueño mientras voy desapareciendo...
Cuentos de hadas para ayer y hoy (III)

Los tres gordinflones de Yuri Olesha, una historia
bautizada como "cuento de hadas revolucionario"
comienza con una imagen insólita en su portada de cartón: un hombre sobrevuela la gran plaza de la ciudad colgado de un enorme y colorido racimo de globos.
Esta obrita no ahorraba en su trama los horrores de la guerra civil, incluyendo temas que podrían considerarse escabrosos o inapropiados para un lector infantil: dictadura, represión militar, presos políticos y tortura. Pero sorprendentemente, Olesha escribió una historia emocionante, llena de humor, llena de elementos fantásticos pero sin dejar de ser realista, por contradictorio que esto pueda parecer.
Nunca he vuelto a ver estas viejas ediciones que eran tan bonitas. En cambio, he visto publicadas de nuevo las viejas historias, pero, qué quieren, no me parecen ni con mucho, tan lindas como las que leí hace tiempo.
No creo que los cuentos de hadas sean coto exclusivo para algún tipo de lector, ni mucho menos, que se agoten con la edad, por que finalmente, la edad, como el tiempo, sólo está en la mente. Todo lo contrario, pues mientras más andamos, parece que lo narrado en estos cuentos llega a tener más razón, o debería tenerla... o desearíamos que la tuviera.
Junto al mar y a un verde roble,
atado a una cadena de oro lleno,
el Gato Sabio pasea como noble
día, noche y de misterio pleno.
¡Es el alma de la Rusia y su misterio!
¡Yo estuve allí! ¡Bebí de su hidromiel!
Vi el mar. Y el roble, en gesto serio,
me dio la sombra en la que el gato aquel
me encomendara sus cuentos al papel.
Cuentos de hadas para ayer y hoy (II)

Ahora hago esta breve reflexión al ver una película como El laberinto del fauno, ya que ha hecho saltar de golpe mis recuerdos íntimos como lectora, para ser precisos, de mi infancia lectora.
No sé cuántos contemporáneos puedan corroborar mis palabras y quizá me yo me calo a fondo las gafas de cristal rosado para voltear atrás, pero sospecho que estoy en lo cierto. Ah, niños del internet, Nintendo y control remoto... La "pobreza" tecnológica de nuestra generación estaba ampliamante compensada por otros elementos, muy rudimentarios pero que en cambio, rebosaban creatividad y, algo que últimamente brilla por su ausencia: respeto a la inteligencia de los niños.
Bueno, aquí tal vez podría empezar una lista bastante tediosa sobre estas flores del jardín idílico de un infante ochentero, pero les ahorraré la ennumeración (que incluye periódicos, revistas, ferias, juegos, programas de televisión y una radiodifusora, ¡je!) .
Me limitaré únicamente a mis primeras lecturas, hechas en las hermosas ediciones que la editorial Progreso, el órgano editorial de la entonces URSS, hacía para los niños. Estos libritos, generalmente cuentos y leyendas populares rusos, tenían una calidad tremenda en cuanto a su presentación y contenido. Papel, ilustraciones, tipografía... qué hermosos recuerdos.
Retomando la idea del mensaje anterior, los héroes surgidos de estas narraciones, como los de otros relatos infantiles de cualquier tradición, nos remiten justamente a esta reflexión acerca del valor de estas historias, hoy y aquí.
Pd. La imagen de este post corresponde a Baba Yaga, la villana favorita de los cuentos populares rusos... quien, con sus dientes de fierro (ojo con quién les pone los braquets) y su cabaña con pata de pollo, también fue la protagonista de las pesadillas nocturnas de los Bandala bros, antes del advenimiento de su colega gringa, la bruja de Blair.
Cuentos de hadas para ayer y hoy (I)

Y ahora que ya la vi, ¿qué puedo decir? Afortunadamente está fuera de la primera posibilidad (la de la agonía), pero aún no sé si el éxtasis es tal o si el laberinto aún no me deja salir de él.
Más que alabar sus virtudes técnicas y formales (cuántas, no lo sé; pero de que existen, ni qué duda cabe), me gustaría hablar de la historia en sí misma.
Más allá de la clásica confrontación bien-mal y realidad-fantasía, la historia, planteada como un cuento de hadas en sí misma, tiene como contraposición un escenario, contexto y personajes sumamente verídicos, incluso, descarnadamente reales. Así que el fauno y su mundo se encuentran presentes, de forma contrastante y estremecedora, al igual que los humanos y su mundo "real".
La historia del laberinto del fauno nos remite directamente a elementos fundamentales de las historias infantiles: las pruebas y acertijos que debe afrontar el personaje principal (héroe o heroína). La inocencia y bondad como virtudes más poderosas que la fuerza bruta y la crueldad; la valentía que da la fe, que no el fanatismo idiota, como la tabla de salvación.
Y en mi personal opinión, creo que esas son las verdades más importantes de esas historias que nos llenaban/nos llenan la infancia.
Desfile de mascotas...
Sin comentarios...
Pero en contraposición, lo irreal es la extraña, compleja y bizarra relación entre políticos y prensa. Particularmente cuando pensamos que la realidad (¿o surrealidad?) mexicana expuesta en el noticiario de la noche no puede ser superada por nada ni por nadie.
Bien, señoras y señores, niñas y niños... después de ver este video tal vez sientan, como yo, una mezcla rarísima de pena ajena y alivio al pensar que en todos lados se cuecen habas y que el término "tercermundismo", al fin y al cabo, alcanza para todos.
De fetichismos y mascotas (II)
La siguiente, que comenzó a tener las características de una mascota, fue Waldi, un perro salchicha tecnicolor bastante mono aunque poco expresivo. Lamentablemente los juegos de Munich 72 no estuvieron a la altura del encanto de Waldi.
El emblema de los siguientes juegos, los de Nadia, fue Amik, un castorcito con tendencias contestatarias. A continuación tenemos dos hijos de la Guerra Fría: Misha vs. Sam.Y cuando el Muro iba a caer, Hodori estaba allí, lindo y simple, sin complicaciones ideológicas ni conceptuales.
El caso es que Cobi, un mediterráneo carismático de tendencias cosmopolitas y vanguardistas, no fue una mascota complaciente para con los parámetros comerciales, que estaban acostumbrados a las mascotas bonitas y tridimensionales. Desde su perspectiva joanmiroista, Cobi demostró que una mascota podía tener mayor complejidad y, vaya ironía, profundidad. Y hablando de profundidad, llegamos a la antítesis con... la cosa.
La verdad es que se llama Izzy pero el nombre que se recuerda, y que lo identificó (?) definitivamente fue Whatisit, término que resume muy bien el dilema ontológico que todos experimentaron ante... eso. Un moco, la mancha voraz, una amiba; nunca nos pusimos de acuerdo sobre su naturaleza, si es que la tenía.
De forma sutil, Australia decidió desagraviar la institución de la mascota y no presentó una, sino tres. Unos bichos bastante simpáticos, bastante identificables, bastante australianos, pero también, bastante estándar, pues no aportaron nada nuevo. Conclusión: la cantidad no es sinónimo de calidad.
En vista de lo cual, Atenas se conformó únicamente con una parejita, sin embargo, no tuvimos más referencias de Febo y Athena más que de su innegable estirpe olímpica, como buenos helenos.
Si me lo preguntan, mi favorito siempre será el adorable Misha, no sólo por que fue la mascota de los primeros juegos olímpicos que vi, sino por esa aura de candor y dulzura (obviamente, la mascota no está obligada a ser el reflejo fiel de su realidad sociopolítica, eso sería pedirle demasiado). Y después, viene Cobi, la mascota más carismática e iconoclasta (si se me permite el término) de todas.
Por todo lo que son y representan, por que les da igual que sean siempre los mismos quienes se llevan las medallas a casa, de que cada vez los patrocinadores son más importantes que los deportistas, de que el idealismo bienintencionado del Barón es sólo un recuerdo romántico, y por que siempre están dispuestas a sonreir y animarnos, aunque no tengamos medallas y, es más, aunque no seamos atletas ¡qué demonios! me encantan las mascotas.
De fetichismos y mascotas (I)
Por otro lado, pude constar rápidamente que mis manías fetichistas no alcanzan un nivel que pudiera considerarse fascinante, vaya... ni siquiera aceptable: un botón azul que arranqué accidentalmente de cierta camisa y que me permitía, a fuerza de acariciarlo como lámpara de Aladino, evocar a alguien más; paquetes de cosas que presté y que me cuesta trabajo abrir por temor a disipar una esencia oculta, como alguna conexión invisible entre la persona a la que le presté los libros, discos, etc. y yo; un chocolate sobreviviente de Navidad, que me niego a comer por que es el último vestigio del paquete de esos chocolates que adoro y que una persona muy querida me regaló ¿cómo comerme su obsequio?
En fin, a lo que me llevó esta serie de asociaciones fue a otro tipo de fetichismos, muy particulares, puesto que aparecen cada 6 años y después desaparecen. No, no me refiero a las elecciones.
Cada olimpiada aparece provista de su propio discurso e imagen. Pero ¿qué importan los resultados, o quienes ganan y pierden, si casi siempre los mismos? Las ceremonias de premiación desdicen todos los discursos sobre entendimiento, paz, fraternidad, bla, bla, bla... Cada Olimpiada vemos cómo toda la retórica bien intencionada es desplazada por los mismos antagonismos políticos, culturales, e incluso de género, que confrontan a individuos y naciones fuera de las canchas, albercas, pistas y estadios.
Cada país se esfuerza por hacer los mejores juegos (invirtiendo miles de millones de euros, dólares o yenes y adquiriendo también deudas mayores que el organizador anterior), las instalaciones más modernas, hacer que sus ciudades parezcan las más decentes, su gente, la más simpática, educada, civilizada, sexy... al fin y al cabo es para quedar bien mientras hay visitas y todos los medios del mundo transmiten todo lo que pasa y no pasa allí las 24 horas en horario internacional.
Por eso la elección de la mascota también supone una feroz competencia: debe ser representativa de algo (obviamente, algo positivo o simpático) pero vanguardista; debe ser singular, sin que llegue a lo bizarro; adorable, sin llegar a lo cursi; universal pero relacionada directamente con la idiosincracia local, pero sin que llegue a ser tan autóctona... fácil, ¿verdad?
Las mascotas olímpicas, más allá de los chauvinismos, el consumismo y lo kitch, son fascinantes porque como aparadores, nos muestran ideales de aparecer como..., ser como..., nos muestran una esencia, una serie de atributos o bien, exhiben la carencia de todo esto.
Una mascota olímpica por tanto, debe ser lo suficientemente poderosa y atractiva, pero ojo: no debe de perder de vista que es un presentador o embajador.
Una mascota nos dice mucho de la identidad de los anfitriones... o de la falta absoluta de éste. En cada olimpiada también la mascota suscita apasionados debates entre quienes la aman o la odian, pues nunca habrá un punto intermedio para una mascota que se precie de serlo. Por tanto, la presentación de cada nueva mascota es un evento culminante, casi más importante que saber cuál será la nueva sede olímpica.
Por todo eso, mi entusiasmo lo acaparan las mascotas olímpicas, aunque últimamente ya no figuren tanto como antes, cuando incluso, protagonizaban sus propias series televisivas, además de la avalancha de productos con su imagen. Camisas, plumas, vasos y todo tipo de cachivaches que nos inundaban intensa y fugazmente, como el impulso irresistible que siempre nos llevaba no sólo a adquirir, sino a conservar alguna de estas chucherías, aunque después de la olimpiada en cuestión resultara un tanto fuera de lugar, pero provista de un innegable encanto nostálgico.
Y es por eso que cuando comparamos todas las mascotas que ha habido hasta ahora, nos encontramos con aspectos contrastantes que van desde la elección del qué (animal, ser o cosa), pasando por su diseño, hasta el nombre. Y también se puede apreciar que tan acertadas o tan desafortunadas fueron esas elecciones.
Tomar una piedra llamada Sontag

¿Como se puede vivir sin desear? Sin embargo, hay momentos en que los deseos parecen inundarme. Encrucijadas en los que éstos se agolpan y entremezclan de forma caótica y violenta. Pero no es posible identificarlos, mucho menos apresarlos. Llegan a distorsionarse y se confunden finalmente, unos con otros, como todos los animales que avanzan en una manada: de forma incontrolable, mezcla de polvo, temblor y furia.
Es doloroso desear tanto. Pero no es el deseo de cuánto, sino el qué.
Acabo de leer una reseña sobre la próxima publicación de los diarios de Susan Sontag. Los fragmentos que aparecen ahí me mueven otra vez al asombro incesante del poder de las palabras. O más bien, al efecto que éstas poseen sobre una persona, sobre su mundo interior, sobre todo lo que puede defirnos: el poder que tienen para hacernos consientes de nuestra esencia o bien, para alterar ésta.
Es en estos momentos que desearía poder hacer tangible lo que no lo es. Poder tomar estas palabras que me queman e iluminan, y apresarlas en mi mano. De la misma forma como se toma una piedra para poder sostenerla en la mano, sentir su peso y su suave porosidad.Guardarla en el bolsillo y caminar, sintiendo su peso balancearse al compás de mis pasos.
Y finalmente, lanzarla muy lejos sobre el agua, y quedarme parada en la orilla viendo surgir incesantemente las ondas que desprende y abarcan todo.
Epígrafe para un sexenio nonato
Comparto con ustedes fragmentos de un texto de Guillermo Fadanelli sin intenciones apocalípticas o panfletarias (... directas). Ante todo, lo comparto con el fin de sacarlo de mi cabeza, de donde no ha salido, ni tampoco sus ecos, que parecen inundar estos días.
"Conforme pasan los dias, las noches indecisas, y el insomnio dura siempre unos minutos más que la eternidad, me convenzo que mantenerse ebrio en estos tiempos aciagos no debe ser considerado un acto imprudente. Antes de hacer una defensa de la ebriedad explicaré brevemente qué quiero decir con eso de tiempos aciagos.
Si a todos los horrores de nuestra época, hambre, barbarie, ansiedad comunicativa, criminalidad, ausencia de solidaridad, plástico, especuladores, políticos, ecologías devastadas, sumamos también la obsesiva publicidad de sus remedios tendremos todo el derecho de nombrarla aciaga. (...) La pintura que acompaña esta página es obra de Jonathan Barbieri, artista norteamericano que vive desde hace una década en Oaxaca, y forma parte de una serie de cuadros que Barbieri tituló "La pierde almas (historia de una cantina)".

Un hombre solitario nos mira desde otro mundo, en la mesa un vaso de tequila que no será el primero ni tampoco el último. La sangre en el cuello parece decirnos que no habrá mañana para este hombre, pero a juzgar por su mirada tampoco lo habrá para nosotros.
Si no hubiera sido por el suicidio, hace tiempo que me habría matado, escribió Cioran, (...)He recordado a Cioran porque la pintura de Barbieri me ha empujado a esas lóbregas regiones, pero no es así como deseaba describir la embriaguez, sino como caída en el fondo de uno mismo, caída que es sobre todo resurrección. Los santos bebedores -que no el borracho vulgar- saben mantenerse aparte, no hacen daño a los otros porque en esencia ya no se encuentran aquí, se han marchado, por unas horas o para siempre a una región que presentimos sagrada pero que al mismo tiempo carece de dioses o redentores. (...)
Hoy que el espíritu de la época se asoma por el borde de una bacinica es bueno tener siempre una botella cerca, un ánfora plateada, luminosa, como el sol que brilla en el horizonte de nuestro propio destierro."
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Guillermo Fadanelli, "La pierde almas", México, Dia Siete, núm. 307, pág.10
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En este enlace pueden leer, aparte del texto completo de "La Pierde Almas", otros textos del buen Fadanelli.
http://www.moho.ws/Textos%20Fadanelli/textosfadanelli.html
Éste es el enlace de la página del pintor J. Barbieri. Además de la serie de cuadros de la "Pierde Almas", tiene obras anteriores y otros textos sobre su obra.
"En el encierro del taller, el trabajo del artista está regido por algunos rituales muy personales, pero afuera, en el panorama cultural, el producto final tiene que asumirse como un agente auténtico dentro del proceso transformativo de la psique colectiva."
J. Barbieri
http://www.jonathanbarbieri.com/zindex.htm